5. Saludo del Rector Mayor, don Juan E. Vecchi,
a Su Santidad Juan Pablo II durante la audiencia al XXIV Capítulo
General
Roma, 1 de abril de 1996
[218]
Aquí estamos los 230 que, con arreglo a derecho o invitados,
somos miembros del XXIV Capítulo General de la Congregación
Salesiana. Entre ellos hay también varios seglares que comparten
con nosotros el espíritu de san Juan Bosco, forman parte de la Familia
Salesiana y colaboran en nuestra misión juvenil y popular. Me gustaría
presentároslos uno a uno. Trabajan en otros tantos lugares de la
tierra en la nueva evangelización, y son hoy la encarnación
del carisma de san Juan Bosco.
Todos, salesianos y seglares, han sido, durante las últimas semanas,
protagonistas solidarios del importante acontecimiento de la Congregación
que es el Capítulo General; después serán los portadores
y realizadores de lo que se haya decidido.
En nombre de todos, gracias, Santidad, por la atención, afecto
y confianza que demuestra con nuestra Familia. Vuestros mensajes y discursos
a nuestros tres últimos capítulos generales y la carta Iuvenum
patris, que nos escribió con motivo del centenario de la muerte
de san Juan Bosco, constituyen para nosotros una antología. Nos
recuerdan la originalidad de nuestra espiritualidad y el estilo de educación
que deseamos poner siempre a la total disposición de la misión
de la Iglesia, particularmente en este último trecho de siglo que
nos lleva al tercer milenio. Vemos este tiempo como un reto y una oportunidad
para apóstoles y educadores. En ello nos alientan vuestros encuentros
con los jóvenes, vuestras esperanzas sobre ellos y vuestras palabras
de orientación.
Sabemos que os habéis interesado paternalmente por el desarrollo
de nuestro Capítulo General y que habéis preguntado y en
cierto modo esperado la "fumata" blanca. ¡Al menos eso
han dicho nuestros "servicios secretos" en el Vaticano!
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Este encuentro que os habéis dignado concedernos quitando tiempo
a vuestros innumerables compromisos lo estábamos deseando y esperando.
Por ello, colma una dicha que hemos reprimido durante mucho tiempo.
¡Que el personal del orden sea indulgente, si, por parte de estos
salesianos, hay algún movimiento o palabra fuera de protocolo! Entre
nosotros abunda la gente de oratorio y sigue el principio de que la espontaneidad
no debe reprimirse, sino orientarse...
Nuestra alegría procede de una adhesión filial al Vicario
de Cristo que nos resulta fácil porque tiene su raíz en la
fe y en el sentido pastoral y porque en Familia la hemos aprendido de los
dichos y ejemplos de san Juan Bosco y de los gestos de nuestros formadores.
Esta fecha, aniversario de la canonización de nuestro Padre y del
nacimiento de Margarita, su madre, nos lleva fácilmente a esas raíces.
En el trabajo con los jóvenes y en las comunidades cristianas
vivimos y presentamos el ministerio de Pedro como un don del Señor
a su Iglesia, con miras a la unidad, y al mundo, con miras a la orientación
ética y social en tiempos complejos y necesitados de puntos de referencia.
Es una dimensión de nuestra espiritualidad que las Constituciones
- nuestro proyecto de vida en Dios - nos recomiendan con estas palabras:
«Nos sentimos parte viva de la Iglesia, y cultivamos personal y comunitariamente
una renovada conciencia de Iglesia. La demostramos con nuestra filial fidelidad
al sucesor de Pedro y a su magisterio, y con la voluntad de vivir en comunión
y colaboración con los obispos, el clero, los religiosos y los seglares»
(art. 13).
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Precisamente por ese sentido eclesial, nuestro XXIV Capítulo
General ha querido profundizar las relaciones de comunión y participación
que hay entre los consagrados y los seglares en el carisma y misión
de san Juan Bosco. Se ha visto alentado e iluminado por vuestras exhortaciones
apostólicas Christifideles laici y Pastores dabo vobis;
pero, sobre todo en este momento, tras su reciente publicación,
estamos aprovechando la exhortación apostólica Vita consecrata,
que os agrademos, porque nos da la dimensión perenne de nuestra
opción y nos señala las condiciones para hacerla significativa
hoy en el mundo. Queremos que el don que el Señor hizo, en san Juan
Bosco, a su Iglesia para evangelizar a los jóvenes se extienda y
lo comparta el mayor número posible de personas, a fin de entablar
un diálogo continuo y fecundo con los jóvenes en los lugares
tradicionales de educación y en los nuevos areópagos juveniles.
Confiamos a vuestro corazón y a vuestras oraciones estos nuestros
deseos y, al daros nuestra más sincera felicitación por vuestro
jubileo sacerdotal, nos disponemos a llevar en el corazón vuestra
palabra e invocamos vuestra bendición sobre nuestras personas, comunidades
y proyectos.
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