13. Conclusión de los debates y repaso
final del documento capitular
13 de abril de 1996
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Hemos dicho y escuchado todo lo que se podía decir y escuchar
en esta Asamblea de 220 miembros durante un mes y medio de trabajo. No
significa que hemos agotado el tema. Habrá que aplicarlo al contexto
y explicitarlo mejor en cada Inspectoría y comunidad. La reflexión
se ha hecho a fondo en la medida de lo posible. Ha requerido aclaraciones
imprescindibles; por ejemplo, sobre la comunidad educativa, el núcleo
animador y otros temas; ha recuperado aspectos que al principio se habían
descuidado un poco, tales como la identidad y función de los religiosos
consagrados o del ministerio sacerdotal; ha explicado puntos hacia los
que existía cierta sensibilidad, pero que debían tener su
puesto equilibrado en la economía de este tema; por ejemplo, la
cuestión de las Hijas de María Auxiliadora, que no viven
la condición laical, sino la de personas consagradas: hablar de
esto supone para nosotros una obligación especial de confrontarnos
con ellas; otro tema es el del coadjutor, que tiene una dimensión
secular, pero la vive en la condición de religioso consagrado. El
texto ha podido servirse de ideas insospechadas pero enriquecedoras, como
las de los iconos, las alusiones litúrgicas, las referencias históricas:
hay que reconocer la atención que han prestado las comisiones a
todas las aportaciones.
Una meta lograda es la redacción de los textos por parte de
las comisiones.
Esto supone para todos un trabajo más: su estudio atento para
asimilar el documento. Todavía existe la posibilidad de ofrecer
la aportación de los "modos", con que se podrá
mejorar el documento que vamos a ofrecer a toda la Congregación.
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Otra etapa acometida es el comienzo de la organización final
del documento.
Tras haberse pedido varias veces esta organización, para eliminar
repeticiones y superposiciones, fue votada. Ha supuesto algún sacrificio
para las comisiones. Sin embargo, se ha visto una colaboración excelente
entre ellas y el grupo encargado de dar unidad a todo el documento.
Me detengo un poco sobre el documento del Capítulo General.
Se han manifestado diversas expectativas; por ejemplo, que sea fácil,
que se entienda con cierta inmediatez, que sea práctico y operativo.
Son cualidades que con toda seguridad buscará el grupo de redacción.
Mientras, me parecen muy del caso algunos comentarios.
- Mi primer comentario se refiere al carácter de nuestro documento.
Será un documento que debe servir para el trabajo de las comunidades
locales e inspectoriales. Podemos pensar en su belleza, en su carácter
un tanto poético o entusiasmante; no podemos esperar un documento
parecido a la exhortación apostólica, para la que se ha empleado
un año de trabajo y cinco o seis redacciones, y se ofrece a un público
indistinto de religiosos y religiosas. Nuestros destinatarias son las comunidades
que conocemos muy bien, igual que conocemos sus condiciones de vida y de
trabajo. Nuestro documento es voz que invita a reflexionar: un documento
que se completará con la reflexión que hagan las comunidades
locales y las comunidades inspectoriales. Hay que insistir en que es un
documento de trabajo y no un documento para la simple lectura.
- Mi segundo comentario es sobre su legibilidad.
Estoy seguro de que el grupo se va a esforzar en hacerlo ágil
y legible. Pero hay que decir que no va ser un documento que se lee de
un tirón como lectura espiritual: será un documento de estudio,
de acuerdo con las ideas que lleva, según la mentalidad existente
que querría cuestionar y poner en relación con la vida o
situación en que nos encontramos. Por ello, el documento necesitará
mediaciones; los mediadores seréis los capitulares. El documento
ofrece una base para que transmitáis lo adquirido en vuestra vivencia
capitular, con matices ciertamente no contrarios al sentido y al texto
del documento, sino aclaratorios. Hay que dividirlo en partes, a fin de
que su lectura sea provechosa. La primera lectura quizás sea rápida;
pero después, para profundizarla, habrá que detenerse en
cada uno de sus problemas y reflexiones. Es un documento siempre susceptible
de enriquecimiento mediante una lectura creativa y cordial y no meramente
repetitiva o de asimilación. A partir de él debemos comprender
lo que necesita nuestra mentalidad y nuestra situación.
- Mi último comentario es sobre la función de este documento
en el camino de la Congregación.
En primer lugar, debe formar mentalidad comunitaria; es una de las urgencias
mayores en todos los niveles: la primera dificultad para orientarse hacia
objetivos pastorales es precisamente la diversidad de sensibilidades y
mentalidades respecto a contenido, metas y métodos, de forma que
para un documento no es una función indiferente la de formar mentalidad
comunitaria.
En segundo lugar, llevar sugerencias prácticas, que proceden
de soluciones ya experimentadas y que aquí se codifican y ofrecen
a todos.
Su tercera función es dar los criterios que debemos seguir, especialmente
en las áreas que apenas han sido exploradas o que se ofrecen como
áreas de exploración y apertura. Conviene ir adelante, pero
no en orden disperso, sin brújula ni criterios de orientación.
Aquí se dan también criterios.
Finalmente la última función del documento es ofrecer
metas que alcanzar en este sexenio.
A la luz de todo ello, se podrán ajustar algunas expectativas,
pero simultáneamente hay que reconocer a este documento algunos
méritos, a los que quizás no se había prestado demasiada
atención.
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