12. Una semana con los seglares

30 de marzo de 1996

ANEXO NÚM. 12

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1. Presencia de los hermanos y hermanas seglares.

Como estaba previsto, han llegado los seglares invitados y se han implicado en la vida y realidad capitular, han participado en el debate de la Asamblea, se han corresponsabilizado en la redacción de los documentos y han contribuido a mejorar nuestro conocimiento de las diversas ramas de la Familia Salesiana.

Su presencia ha tenido un valor real por la consistencia de sus aportaciones y un valor simbólico como signo para la Congregación. Ciertamente tendrá un efecto multiplicador en las comunidades salesianas.

De nuevo agradece el Rector Mayor su aportación. Dice que no había sido fácil el itinerario para buscarlos primero y, después, invitarlos y resolver sus dificultades de trabajo y sus compromisos; pero los resultados son muy satisfactorios y compensan la fatiga anterior.

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2. También ha terminado el primer debate general de las seis partes en que se había dividido el documento capitular. Las intervenciones y aportaciones personales han sido abundantes.

La primera comisión ha recibido 137, la segunda 70, la tercera 49, la cuarta 37, la quinta 61 y la sexta 36. Hemos llegado a un total de 390 intervenciones entre las escuchadas en el aula y las mandadas por escrito.

Tenemos un promedio de 1,80 páginas por capitular, incluidos los seglares. Unos han intervenido más, otros no han escrito nada; pero todos hemos participado en el sondeo: la palabra y el silencio, combinados, dan como resultado la sabiduría.

Se han iluminado aspectos decisivos; por ejemplo: la relación entre seglares y vida consagrada, relación que va más allá de la simple cortesía y acogida; consiste en el intercambio de dones para construir la comunidad educativa y educar a los jóvenes; el núcleo animador; la definición del Movimiento Salesiano y de la Familia Salesiana.

De este amplio debate el Rector Mayor subraya algunos elementos, sin entrar en su contenido, del que hablará después.

El primer elemento es la concreción y el esfuerzo por llegar a una definición. Se ha hecho bien, sin quedarse en el enunciado entusiasta de utopías y buscando el significado preciso y operativo de los términos. Es posible que responda a esto la petición de un vocabulario y a ciertos ejemplos que no aceptamos (cf. la referencia hecha en el aula a la multinacional McDonald's).

El segundo elemento es la abundancia de alusiones a experiencias concretas, que muestran a todos la posibilidad de llevar a cabo lo dicho.

Además, se han buscado con constancia los fundamentos e inspiraciones para valorar cada una de las experiencias y conservar la originalidad carismática en las diversas soluciones.

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3. La tercera meta es el examen del debate por parte de las comisiones. Ha comenzado así la segunda redacción del documento. Y se ha visto con qué diligencia se ha procurado integrar en el texto todas las aportaciones, incluidas las de los seglares y la misma exhortación apostólica Vita consecrata, apenas publicada.

A veces estas integraciones han logrado una disminución de páginas y, al mismo tiempo, una concentración de contenido.

Caminamos, pues, hacia el texto definitivo: todavía habrá debates, sondeos de preferencias y, por fin, su organización definitiva.

4. Está claro el camino del documento desde su estado actual hasta su conclusión, que deberá hacer en las tres semanas que nos quedan de Capítulo. En este camino entra el trabajo de un grupo de redacción que dé unidad y haga más legible el texto que nos llevemos a casa.

5. Son evidentes los resultados de carácter personal: todos han podido tener una visión universal de la situación, todos han profundizado metas, todos se han dado cuenta de las condiciones para aplicar lo que se va proponiendo.

6. La séptima comisión ha concluido la definición de las regiones, superando las dificultades de las altas cordilleras.

Las nuevas "regiones" han sido aprobadas con más de dos tercios de los votos de la Asamblea.

Esta misma comisión ha presentado las últimas cuestiones que tenía en cartera. Así pues, ha sido la primera en llegar a la meta (aplausos).

Y ahora, algún comentario sobre el debate.

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1. Búsqueda del equilibrio

Hay un equilibrio que debemos cuidar personalmente en el documento, en el gobierno de las inspectorías y casas y en algunas exigencias complementarias.

Los documentos están logrando ese equilibrio. El Rector Mayor se detiene en algunos aspectos que tienen una "polaridad fuerte".

  • La primera es la vocación común en el Pueblo de Dios y la diferencia de dones.
  • Todos somos iguales en dignidad, en la vocación a la santidad y en la posibilidad de formación; sin embargo, en la condición humana el Espíritu nos ha hecho distintos para enriquecer la comunión; precisamente como el hombre y la mujer, que, siendo iguales en dignidad en el matrimonio y, por tanto, con reciprocidad, cada uno lleva lo específico de su condición humana. Ello no significa establecer jerarquías, sino ofrecer con generosidad el propio don.

    Lo mismo debemos pensar de los dones de los seglares, pero también de los dones que los salesianos consagrados ofrecen a los seglares; entre ellos, no podemos olvidar los dones sacerdotales.

    Ser sacerdote no significa sólo ejercer una función, sino dejarse plasmar interiormente conforme a Cristo "buen pastor".

  • Otra polaridad es lo que podríamos definir como extensión y calidad.
  • Se puede extender la Familia Salesiana a todos los que tienen un gesto de simpatía; pero luego hay pensar si los vínculos creados permiten transmitir la carga de espiritualidad que hace de la Familia Salesiana el núcleo animador de un Movimiento sin fronteras.

    Los movimientos sin fronteras no funcionan sin buena levadura.

    Hay que pensar simultáneamente en extender el influjo y en cuidar la levadura.

  • Otra polaridad: humanismo y originalidad cristiana.
  • Ciertamente en la comunidad educativa podrían entrar todos, incluso los que no tienen intención de considerar la posibilidad de la fe y se limitan a los valores humanos.

    Pero entonces habrá que ver si es posible llevar el acontecimiento histórico de la Encarnación y del Evangelio de Jesucristo.

  • Podríamos seguir con otras polaridades; por ejemplo:
    • educación y pastoral,
    • condición ordinaria y extraordinaria.

Una comunidad educativa puede asumir en determinadas circunstancias algunos rasgos de gestión difícil; habrá que considerar entonces si tal situación puede proponerse como norma general para dar consistencia a la Inspectoría y a nuestra acción educativo-pastoral.

Conservar la tensión entre esas polaridades es garantía de concreción operativa; significa hacer real la "gracia de unidad" de que siempre se ha hablado.

El Capítulo no está llamado sólo a enunciar metas o utopías, sino a ofrecer el camino concreto para lograrlas.

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2. El "núcleo animador".

Otro de mis comentarios se refiere al "núcleo animador": se trata de un tema que ha suscitado interés, y con razón, porque supone una nueva colocación de la comunidad salesiana en una obra o iniciativa.

Aquí está en juego buena parte de la identidad educativo-pastoral de la comunidad salesiana y sus resultados en la educación.

Este problema lo vio también san Juan Bosco, según las condiciones de su tiempo, cuando hacía ver la importancia del director y del Consejo, y daba al director indicaciones para la animación de jóvenes y adultos.

Conviene señalar con claridad, ante todo, los niveles de animación: la organización, la coordinación diaria, el acompañamiento metodológico; la orientación educativa (en contenido y en objetivos), la formación espiritual y cristiana, y en la cumbre, asegurar la identidad salesiana del conjunto.

Son niveles unidos entre sí; pero podemos hacer distinción entre ellos.

Algunos aspectos son más importantes que otros.

En segundo lugar, interesa que los salesianos, estén donde estén, sean siempre núcleo animador; que todo salesiano sea capaz de animar y se dedique a la animación, que el grupo asuma, como primer objetivo, esa función y la desempeñe comunitariamente.

Esto pertenece íntimamente a su vocación consagrada y salesiana.

La comunidad consagrada es siempre un punto fuerte para formar Iglesia. Desde ese punto se expanden círculos concéntricos de comunión y participación.

Ello no quiere decir que esté en el centro como núcleo organizador, ni que sea la única que trabajan en la animación: también los seglares participan en ella conforme al camino hecho por ellos y por la comunidad.

Conviene, y es de desear, que estén presentes los seglares; pero lo que realmente interesa es que no falten los salesianos en el núcleo animador.

Es posible que haya un núcleo animador formado únicamente por seglares en un ámbito local, pero con una referencia o asistencia por parte salesiana de una Inspectoría o de una comunidad próxima, que cuida los aspectos carismáticos y se encarga de la presencia ministerial.

Todo ello no de una forma débil: cuanto más fuerte sea la presencia de los seglares, tanto más substanciosa debe ser la asistencia de la Inspectoría o de la comunidad cercana, porque nunca podemos dejar que falte alimento a una disponibilidad cristiana.

Sobre tales presencias en una Inspectoría debemos preguntarnos: ¿Cuántas pueden sostenerse con cierta eficacia? Porque el principio no es "ocupar" el mayor espacio posible, sino ver si somos fecundos en términos de formación de Iglesia, de evangelización y de que surjan vocaciones de compromiso.

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3. Aquí tenemos otra polaridad.

Es verdad que somos para el mundo; sin embargo, la Iglesia nunca ha pensado en el mundo sin pensar también en sí misma. No para imponerse o darse privilegios, sino para examinar su identidad y las condiciones de su acción.

Ser "para" el mundo no puede interpretarse sólo en términos de extensión, sino de "fermentación cristiana".

El mundo no vive sólo de cantidad; el mundo y la cultura progresan por la calidad de sus fermentos.

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4. Por último, hay que recordar que puede haber otros sujetos plenamente responsables de obras que se llaman salesianas, porque se proponen darles el espíritu y estilo salesiano, y a la Congregación salesiana no le interesa asumir la responsabilidad principal de todas ellas, particularmente si hay personas capaces de llevarlas adelante en nombre propio. Pensamos en cooperadores, antiguos alumnos, damas salesianas, etc.

Para nosotros supondrá otro tipo de asistencia y acompañamiento, que ya no responde al "núcleo animador", pues éste debe ser quien lleva la responsabilidad.

El Rector Mayor, don Juan Vecchi, se dispone a terminar. Lo hace afirmando que cuanto ha dicho no pretende cerrar horizontes, sino abrir caminos practicables.

Sin embargo, antes de concluir este amplio, rico y significativo comentario que ilumina el camino hecho y el que el Capítulo tiene aún por delante, todavía dirige una palabra a los seglares, dado que ya no estarán presentes durante los próximos días de trabajo: y esto -asegura el Rector Mayor- nos produce cierta pena.

Su presencia ha sido agradable y enriquecedora, cosa que agradece de nuevo el Rector Mayor. Sin embargo, no habrá adioses ni despedidas. Habrá un envío, una "misión", que es como decir: "id"; id a toda el área laical salesiana y también a la de las comunidades de salesianos consagrados.

Se los envía a anunciar una novedad: «Creemos que es posible, y nos proponemos hacerlo, trabajar como una Familia bien integrada, como un Movimiento que quiere recoger incluso las migajas de buena voluntad y simpatía de cuantos desean ponerse a disposición de los jóvenes, especialmente los más necesitados».