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Queridos hermanos:
Con este número [356] de Actas del Consejo General os llega el abundante
material producido por el XXIV Capítulo General. A tenor de las Constituciones (art.
148), se promulgan las disposiciones que aparecen en dos documentos: el más largo habla
de compartir en comunión el espíritu y la misión de san Juan Bosco por parte de los
salesianos y de los seglares; el segundo da a conocer los cambios que se han hecho en las
Constituciones y en los Reglamentos Generales, así como algunas orientaciones sobre el
gobierno de nuestra Sociedad.
En forma de anexos se incluyen textos que se consideran igualmente importantes
para entender el momento que vive la Iglesia y las metas que hoy se fija nuestra
Congregación. Entre ellos figuran los dos discursos del Santo Padre y el que tuvo el
Rector Mayor en la clausura del Capítulo. Se añaden los mensajes del Capítulo: muestran
los sentimientos y las mutuas expectativas nuestras y de los restantes grupos de la
Familia Salesiana. Otros documentos dan testimonio de la vida capitular: homilías,
síntesis al final de cada semana, crónica del Capítulo, etc. Por último, un enjundioso
índice de materias permite hacer una lectura transversal del conjunto.
Conviene no echar en olvido el Informe sobre el estado de la Congregación, que
en su día se mandó a las Inspectorías; es sumamente útil para conocer nuestros
sectores de trabajo, tener una visión amplia de la realidad salesiana y darse cuenta de
la orientación general de las disposiciones capitulares.
Todo ello transmite no sólo lo que el Capítulo debatió y votó, sino también lo que
fue como acontecimiento de nuestra Congregación: una experiencia de comunión mundial en
el carisma, un discernimiento atento para comprender lo que pide a la misión salesiana la
situación de la Iglesia y del mundo, y una gracia del Espíritu para nuestra vitalidad en
este final de milenio, tan marcado por la preocupación de la nueva evangelización.
El documento que recoge las conclusiones sobre el tema del Capítulo es el resultado
final de un camino de reflexión, en el que ya se había implicado capilarmente a todos
los salesianos e Inspectorías.
Las principales etapas de dicho camino, escalonadas a lo largo de dos años, han sido:
preparación de las pistas de reflexión con los puntos que convenía profundizar, su
estudio en las comunidades locales, celebración de los ochenta y nueve Capítulos
Inspectoriales, análisis del material enviado al Regulador, redacción del documento
precapitular y celebración del XXIV Capítulo General, que por sus comisiones y debates
generales ha precisado mejor los problemas, ha expuesto con eficacia las inspiraciones
carismáticas y ha establecido los objetivos y las líneas de acción que parecen
posibles.
De la seriedad y amplitud de tales debates queda una valiosa documentación en las
actas y en las numerosas intervenciones con que los capitulares trataron de centrar, del
mejor modo posible, las situaciones e indicar con claridad sus orientaciones.
El documento, pues, recoge nuestra experiencia mundial en la implicación de los
seglares y expone ampliamente nuestra reflexión al respecto, haciendo ver los aspectos
positivos y los puntos problemáticos de la realidad actual. En tal sentido nos sirve,
ante todo, de espejo para hacer una revisión.
Al mismo tiempo, ahonda en las motivaciones eclesiales, carismáticas y culturales que
nos animan a seguir adelante con confianza en este nuevo frente de la vida y acción
salesiana.
De ambas perspectivas - situación e inspiraciones carismáticas - surgen las
orientaciones operativas y los criterios de acción, así como los objetivos y las tareas
que una amplia mayoría consideró adecuadas para renovar o mejorar nuestra acción
educativo-pastoral y la marcha y modalidades de la vida comunitaria.
No es el caso de detenerse ahora a comentar, subrayar o hacer síntesis. Las claves de
lectura las tenéis en mi discurso de clausura a los capitulares; es uno de los anexos de
esta publicación.
Me limito a confiar el documento, con una oración y mucha confianza, al estudio
paciente, profundo y detenido de cada salesiano y de las comunidades locales,
Inspectorías y Regiones o Conferencias Inspectoriales. Interiorizar la espiritualidad que
propone, asumir la mentalidad pastoral que está en su base y concretar las sugerencias
operativas será, durante algún tiempo, la tarea principal, por no decir única, en todos
los ámbitos de acción, en todos los órganos de gobierno y en todos los sectores de
animación: formación, pastoral juvenil, misiones, Familia Salesiana, comunicación
social y economía.
En el Capítulo General se dijo una y otra vez que nuestra capacidad de renovación no
está sólo ni principalmente en enunciar intenciones o proyectos, sino en llevarlos a
cabo con paciencia y determinación en cada una de nuestras obras y con la implicación
activa de todos.
Así pues, hay que superar la mentalidad sectorial, que encierra en una actividad o
lleva a realizarla de forma individual; se trata de asumir solidariamente los nuevos
desarrollos de un proyecto comunitario.
Hoy se nos llama a actuar juntos y de manera convergente en la implicación, en la
corresponsabilidad y en la formación de los seglares con vistas a su progresiva
identificación con el espíritu y la misión de san Juan Bosco en las comunidades
educativo-pastorales, en la Familia Salesiana y en el Movimiento Salesiano.
Se nos invita a hacerlo como núcleo animador, concorde en la mentalidad y con calidad
de acción, capaz de dar cabida e integrar en esta tarea a los seglares más motivados
mediante las relaciones, la comunicación, el proyecto educativo-pastoral, el estilo de
presencia y acción que pide el Sistema Preventivo y los planes de formación bien
pensados.
Tal es el programa, tal es el reto. Desde él debemos mirar la adecuación de nuestros
esfuerzos y sus resultados en cantidad y calidad. En él debe confluir hoy la reflexión
sobre las dimensiones de nuestra vida consagrada: espiritualidad, pastoral, pedagogía,
competencia profesional, organización.
Se trata de una nueva configuración de la comunidad "carismática"
salesiana, que incorpora nuevos recursos, y de una nueva visión de los espacios donde
hacer pastoral. Ambos aspectos requieren la adhesión de todos. La discontinuidad y la
dispersión, a pesar de una innegable buena intención, serían perjudiciales.
No puedo dejar de señalar que el camino que nos proponemos seguir se presenta como un
desarrollo del último sexenio, orientado por el XXIII Capítulo General, el cual ya
advertía que, para educar a los jóvenes en la fe, hay que contar con una comunidad
entendida como conjunto de adultos que son, para los jóvenes, signo, escuela y ambiente
de fe, a fin de que compartan la referencia a Cristo o, por lo menos, los valores de la
educación cristiana.
En esta realidad se concentra hoy nuestra mirada, para llevar al máximo sus
posibilidades. Los jóvenes están siempre en el centro. El sentido pastoral es siempre la
levadura de toda iniciativa. La educación es siempre la vía que hemos elegido para el
crecimiento humano y para el camino de fe. Todo ello, sin embargo, lo queremos compartir y
dedicarnos a comunicar ócon más tiempo, con más preparación, con más instrumentos y
con una concepción diversa de nuestro papel de pastores y educadores consagradosó a
quienes el Espíritu Santo lleva a la órbita de san Juan Bosco.
De esta consideración se deduce que, dentro de la continuidad del proyecto, hay una
novedad de perspectivas: nuestros esfuerzos se dirigen de forma concentrada a los
seglares. Ellos serán, en estos años, nuestros primeros interlocutores, para que puedan
ser corresponsables.
El Santo Padre nos advertía que el secreto de la eficacia de este trabajo es la
autenticidad y transparencia de nuestro seguimiento de Cristo. «La reciente asamblea del
Sínodo de los Obispos ódijoó evidenció bien la relación que hay entre la
espiritualidad de un Instituto religioso y la espiritualidad de los seglares cuya vida y
actividad se inspiran en él. En tal perspectiva quiere ponerse la reflexión de vuestra
asamblea capitular, que ciertamente no dejará de trazar pistas de cooperación
apostólica entre consagrados y seglares, llamados a ser en el mundo testigos valientes
del Evangelio» (cf. núm. 200).
Queridos hermanos, la promulgación de las disposiciones capitulares se hace el 24 de
mayo, fiesta que nos recuerda la historia que, iniciada en Valdocco el 12 de abril de
1846, nuestro Padre condensó en la frase: Todo lo ha hecho ella.
Que María nos siga ayudando a recorrer, bajo la inspiración del Espíritu, con
generosidad de corazón y con el entusiasmo de la fe, el trecho de historia que nos lleva
al tercer milenio.
Roma, 24 de mayo de 1996.
Juan E. Vecchi
Rector Mayor
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