2. COLABORADORES SEGLARES EN CONTEXTOS PLURIRRELIGIOSOS Y PLURICULTURALES

2.1. Indicaciones eclesiales

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Hay unidad fundamental entre todos los hombres, en cuanto que tienen a Dios por origen, y su plenitud de vida en Dios, como destino.5 También existe una sola historia de la salvación para toda la humanidad,6 en cuyo centro está Jesucristo, que en su encarnación «unió en sí mismo de algún modo a todas las personas».7

La presencia y actividad de la Palabra y del Espíritu, incluso más allá de los confines de la Iglesia,8 hace que haya valores positivos y elementos de gracia en las distintas tradiciones religiosas.9 Ello no quiere decir que todo es bueno en dichas religiones. Debido a las consecuencias del pecado, no siempre es fácil separar la verdad y el error, el bien y el mal. Se requiere, pues, un discernimiento atento.10

La unidad fundamental de todos los hombres, los valores positivos y los elementos de gracia que hay en las tradiciones religiosas animan a la Iglesia a entablar "diálogo y colaboración" con ellas.11

La fe en Cristo y el Bautismo, sacramento de la unidad, son, en los cristianos de otras confesiones, la base de su comunión, ciertamente imperfecta, con la Iglesia Católica. Tal comunión hace posible un diálogo más profundo.

Las formas de diálogo son muy variadas:

  • el diálogo de vida, que requiere hospitalidad, respeto, verdadero interés por todos, compartiendo sus esperanzas, gozos, dolores y dificultades;
  • el diálogo de la acción, que establece compromisos comunes para el desarrollo, la justicia y la paz;
  • el diálogo del intercambio teológico, que exige la comprensión recíproca y la promoción de los valores que hay en las otras religiones;
  • el diálogo de la experiencia religiosa, que implica compartir vivencias de oración, de Lectio divina, de búsqueda de Dios.12

La Iglesia está abierta al diálogo y colaboración con todos: con los cristianos de otras confesiones, con los miembros de otros credos religiosos, con las personas que respetan los valores humanos, e incluso con quienes le son contrarios y la persiguen.13

Así la Iglesia, evitando los peligros del sincretismo y sin descuidar su deber de evangelizar y proclamar la Buena Noticia, trata de colaborar con todos para construir el reino de Dios, definitivamente inaugurado por Jesucristo,14 que es tarea de todos: de las personas, de la sociedad y del mundo entero.15

El diálogo y colaboración ecuménica e interreligiosa son una tarea importante para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; pero necesita una formación adecuada.16

2.2. Indicaciones salesianas

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Al principio, los colaboradores de san Juan Bosco eran católicos. No obstante, nuestro Fundador estaba dispuesto a aceptar la ayuda y colaboración de todos. En 1881, respondiendo a un hebreo que le había comunicado su perplejidad y admiración por verse inscrito la Asociación de Cooperadores, escribió: «Realmente es singular que un sacerdote católico proponga una asociación de caridad a un israelita... Sin embargo, la caridad del Señor no tiene límites y no exime a nadie, sea cual sea su edad, condición y credo...».17

La actitud de san Juan Bosco nos alienta hoy a su misma apertura.

Podemos invitar a seglares de distintos credos a colaborar con nosotros en el proyecto educativo, que es aplicable a diversas situaciones y culturas: «El aspecto de la transcendencia religiosa, fundamento del método pedagógico de san Juan Bosco, no sólo es aplicable a todas las culturas, sino que incluso se puede adaptar con provecho a las religiones no cristianas».18

«Allí [en zonas de primera evangelización] será, sobre todo, posible trabajar eficazmente también con seglares que no pertenecen a la Iglesia Católica, siempre que se sepa vivir en plenitud la experiencia de san Juan Bosco y proponer íntegramente su sistema educativo y su espíritu apostólico».19

En tales contextos es muy importante que el salesiano viva la fidelidad a su carisma y a la misión evangelizadora de la Iglesia20 conjugando su actuación con diversos elementos: el testimonio de vida cristiana, el trabajo por la promoción humana y la justicia social, la oración y la contemplación, el diálogo interreligioso y el anuncio directo del Evangelio de Jesucristo.

2.3. Orientaciones

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De las indicaciones eclesiales y salesianas podemos deducir dos criterios que nos orienten en el delicado proceso de compartir y vivir en comunión con los seglares de otras tradiciones y convicciones.

a. El criterio básico es el Sistema Preventivo.

Con quienes no aceptan a Dios, podemos hacer un camino juntos, basándonos en los valores humanos y laicales del Sistema Preventivo; con los que aceptan a Dios o la transcendencia, podemos ir más allá y favorecer la acogida de los valores religiosos; por último, con quienes comparten con nosotros la fe en Cristo, pero no en la Iglesia, podemos seguir todavía más adelante por el camino del Evangelio.

b. Dado que la misión juvenil nos lleva a una educación que es simultáneamente evangelización, no tienen la posibilidad de colaborar con nosotros quienes no están abiertos a la búsqueda de Dios; sin embargo, no los excluimos de nuestro cuidado pastoral. Esto vale, sobre todo, para los adeptos a ciertas sectas, movimientos o ideologías hostiles a la fe cristiana.

2.4. Compromisos operativos

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a. El XXIV Capítulo General pide a los salesianos y a las comunidades educativo-pastorales que tomen más conciencia de las grandes posibilidades que nos ofrecen los colaboradores seglares de otras religiones y convicciones, y apremia a un diálogo vital y práctico con ellos en el área de la educación juvenil.

b. Durante el próximo sexenio, hágase un estudio atento y profundo de nuestra relación con ellos en toda su amplitud, teniendo siempre como última perspectiva la plenitud del anuncio de Cristo.

c. Valórese su presencia en nuestras obras, acogiendo su deseo de verse reconocidos como colaboradores válidos de la misión salesiana.

d. Promuévase una formación de calidad, adecuada y hecha con ellos, sobre los aspectos más importantes del Sistema Preventivo y sobre los valores humanísticos, éticos, transcendentes y religiosos que contiene.

e. Favorézcase, pues, una colaboración inteligente con otros organismos públicos o privados que trabajan en favor de la juventud.


5 NA 2; Diálogo y Anuncio [DA] 28

6 Gn 1­11; DA 19, 28

7 GS 22; RH 13

8 AG 4; RH 6; Dominum et Vivificantem 53; DA 26

9 NA 2; AG 11; LG 17; DA 30

10 DA 31

11 NA 2; GS 92­93

12 DA 42; VC 101­102

13 GS 92

14 RM 16

15 RM 15

16 VC 100­102

17 Epistolario, IV, carta 2.247

18 IP 11

19 Mensaje de Juan Pablo II al XXIV Capítulo General, núm. 6: L'Osservatore Romano, 19­20 de febrero de 1996

20 Const. 6. 7. 30. 31