CAPÍTULO SEGUNDO: LA COMUNIDAD EDUCATIVO-PASTORAL

1. LA COMUNIDAD DE CONSAGRADOS, ALMA DE LA COMUNIDAD EDUCATIVO-PASTORAL

[149]

El verde prado Pinardi significa el infinito horizonte juvenil. El corazón de san Juan Bosco siente a los jóvenes pobres y abandonados como el futuro de la humanidad y la esperanza de la Iglesia.

En este prado lleno de jóvenes, san Juan Bosco convoca al mayor número posible de personas, eclesiásticas y seglares, jóvenes y adultas, hombres y mujeres, para que estén con él.

Estar con san Juan Bosco quiere decir estar con los jóvenes y ofrecer lo que somos: corazón, mente, voluntad; amistad, competencia profesional y presencia; simpatía, servicio, donación de uno mismo.

Pero a algunos san Juan Bosco les pide más: que se queden con él para siempre, que se dediquen a los jóvenes en cuerpo y alma y que consagren su vida a seguir a Cristo obediente, pobre y casto con miras a un servicio incondicional a Dios y a los jóvenes.

Son los salesianos (SDB).

[150]

San Juan Bosco quiso que hubiera personas consagradas en el centro de su obra, dirigida a la salvación de los jóvenes y a su santificación.

Quería que sus religiosos fueran el punto de referencia preciso de su carisma: con su entrega total darían solidez y fervor apostólico con vistas a la continuidad y para la expansión mundial de su misión.

El consagrado salesiano, para responder al amor de Dios, percibido como amor de predilección, se hace su portador a los jóvenes, especialmente a los más pobres.1 Es el Don Bosco actual, que puede decir con toda verdad: «Por vosotros estudio, por vosotros trabajo, por vosotros vivo, por vosotros estoy dispuesto a dar incluso mi vida».2

El religioso manifiesta «con delicado respeto, pero con audacia misionera, que la fe en Jesucristo ilumina todo el campo de la educación no con prejuicios sobre los valores humanos, sino confirmándolos y elevándolos».3

1.1. Profecía en acción

[151]

No es sólo el hacer, sino el ser lo que, sobre todo, da calidad al religioso. «Más que con la palabra, da testimonio de tales maravillas con el elocuente lenguaje de una existencia transfigurada, capaz de sorprender al mundo».4

Con su vida el salesiano traduce el Evangelio a un lenguaje accesible, sobre todo a los jóvenes: por los valores de su consagración plantea interrogantes e indica una posibilidad de sentido; con su entrega dice que el secreto de la felicidad está en perder la vida para encontrarla; con su estilo de vida hace atractivo el espíritu de las Bienaventuranzas y anuncia el gozo de la Pascua; con su hacer comunidad se convierte en imagen de Iglesia, sacramento del Reino.

Vive de modo que los jóvenes y los seglares corresponsables se identifiquen, no tanto con él, cuanto con la vocación que vive como miembro de la comunidad, portadora del carisma y de la espiritualidad salesiana y núcleo de la comunidad educativo-pastoral.

1.2. Radicalidad evangélica

[152]

La vida consagrada parte de una profunda experiencia de Dios,5 que requiere una fidelidad semejante a la de Cristo y se presenta como escuela de santidad.

Dicha actitud da, en la comunidad educativo-pastoral y entre los jóvenes, capacidad de escucha, respeto y admiración.

«Las personas consagradas tienen una tarea específica: introducir en el horizonte educativo el testimonio radical de los bienes del Reino».6

«Verdaderamente la vida consagrada es una memoria viviente del modo de vivir y de actuar de Jesucristo como Verbo Encarnado ante el Padre y ante los hermanos».7

La profesión de los consejos evangélicos, además de ser expresión del seguimiento de Cristo, lleva una carga pedagógica de crecimiento humano y es paradigma de nueva humanidad.

* Por la obediencia, el religioso se pone plenamente a disposición del proyecto educativo de Dios e indica un itinerario de crecimiento entre los jóvenes y en la comunidad educativo-pastoral:

  • no da valor absoluto a su propia voluntad; al contrario, se somete a otros valores que considera superiores: la comunidad, la Iglesia, la sociedad;
  • busca siempre la voluntad de Dios en los signos de los tiempos y en las circunstancias, para indicarla a los hermanos;
  • es dócil al Espíritu, y da a conocer a los jóvenes y a la comunidad educativo-pastoral «el dinamismo secreto de la historia»;8
  • se hace idóneo para proyectar (proyecto educativo-pastoral salesiano) y para el trabajo en común.

* La castidad es su testimonio específico; anuncia y educa el amor dentro de una sociedad amenazada por el consumismo sexual, donde los relaciones de fidelidad en la familia y en la amistad son frágiles, donde a menudo el amor sólo se vive como satisfacción personal y donde la gratuidad de quien da su vida por los otros cada vez se comprende menos.

La castidad vivida como dinamismo evangélico indica un itinerario para el crecimiento de los valores humanos y cristianos: equilibrio, dominio de sí, libertad, alegría, madurez, estímulo valioso para la educación en la castidad propia de otros estados de vida.9

* La pobreza es, ante todo, imitación de las opciones radicales de Cristo. Por ello, el consagrado:

  • va a los últimos, a los pobres, a las clases populares, a los jóvenes;
  • acepta la propia precariedad, no se refugia en la seguridad de las estructuras, del estipendio o del dominio;
  • pone su seguridad en que «sólo Dios basta», verdadera riqueza del corazón humano;10
  • como animador y educador en la comunidad educativo-pastoral, hace lo posible para que triunfe la justicia, la solidaridad y la caridad, se encuentren soluciones al hambre y a los sufrimientos de los pobres y se promuevan actividades y organizaciones de voluntariado.11

1.3. Comunidad de consagrados

[153]

Los salesianos viven esos grandes valores en comunidad.

Ésta hace visible el misterio de comunión que es la naturaleza íntima de la Iglesia y se convierte en levadura del Reino. Por su valor de signo e instrumento, la comunidad de consagrados desempeña una valiosa función en la comunidad educativo-pastoral; la ayuda a ser, también ella, auténtica vivencia de Iglesia en la comunión fraterna y en el servicio a los jóvenes.

1.4. Laicidad consagrada en la comunidad salesiana

[154]

En la comunidad religiosa hallamos la figura del salesiano coadjutor, «genial creación del gran corazón de san Juan Bosco» (beato Felipe Rinaldi). El salesiano coadjutor une en sí los dones de la consagración y de la laicidad. A los consagrados les recuerda los valores de la creación y de las realidades seculares; a los seglares les hace presentes los valores de la entrega total a Dios por el Reino, y ofrece a todos una sensibilidad particular por el mundo del trabajo, la atención a la zona y las exigencias de la competencia profesional, por donde pasa su acción educativa y pastoral.

[155]

De la comunidad salesiana a la comunidad educativo-pastoral

El Señor guia san Juan Bosco en la fundación de una comunidad de consagrados que fuese levadura en la multiplicidad de servicios, animación espiritual para cuantos se dedican a la educación y garantía de continuidad en su misión con los jóvenes. Sin embargo, nuestro Fundador también implicdesde el principio a seglares, que contribuyeron a definir su proyecto, enriquecieron la eficacia de la educación y difundieron el carisma.

Así nacilo que hoy llamamos "comunidad educativo-pastoral", cuyo núcleo animador es la comunidad de consagrados.


1 Cf. Const. 2

2 Const. 14

3 VC 97

4 VC 20

5 Cf. VC 73

6 VC 96

7 VC 22

8 VC 96

9 Cf. VC 88

10 Cf. VC 90

11 Cf. VC 89. 27