2. ELEMENTOS DE LA ESPIRITUALIDAD

2.1. Amor de preferencia por los jóvenes, especialmente los más pobres

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Encontrar a Dios en los jóvenes

Compartir el espíritu y la misión salesiana significa, ante todo, sentirse implicados en la opción por los jóvenes.

«Creemos que Dios nos está esperando en los jóvenes para ofrecernos la gracia del encuentro con él y disponernos a servirle en ellos, reconociendo su dignidad y educándolos en la plenitud de la vida».4 En este servicio de educación, seglares y salesianos hacen experiencia de la dimensión contemplativa de su fe, que ayuda a descubrir la acción del Espíritu en el corazón de los jóvenes.5

Partícipe del corazón de Dios, el discípulo de san Juan Bosco comprende mejor la importancia y necesidad de su vocación: hacer presente a los jóvenes el amor de Cristo.

Espoleado por tal amor, procura darles una educación plena.6

Trabajar por los jóvenes, especialmente los más pobres, es, por tanto, el documento de identidad de la vocación salesiana, el elemento más peculiar de nuestro carisma, el punto de partida de un itinerario para compartir más y mejor el espíritu salesiano y el Sistema Preventivo.

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Caridad pastoral

Para vivir su vocación, SDB y seglares entablan un diálogo cordial con todos los hombres de buena voluntad que quieren mejorar la situación de los jóvenes, especialmente más pobres, en el mundo de hoy. Siguiendo el ejemplo de san Juan Bosco, eligen para sí, y proponen a los demás, la caridad como medio y método fundamental de su misión. En ese trabajo cultivan valores importantes de la espiritualidad salesiana: la generosidad, la solidaridad, la sencillez, la gratitud, la fidelidad, la alegría y el optimismo incluso en las horas de la cruz, manifestando así la dimensión pascual de la vida cristiana.

2.2. Espiritualidad de la relación: el espíritu de familia

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San Juan Bosco, hombre de relación

El primer regalo que san Juan Bosco hace a los suyos es una relación humana serena y acogedora. El dominio de sí le permite entregarse con una eficacia extraordinaria e impregnar, gradualmente, su relación de contenido pastoral y sacramental.

La calidad del encuentro en la educación es lo que más le preocupa. «Que todos aquellos con quienes hables se hagan amigos tuyos», sugiere.7 "Ser amigo de Don Bosco" significa todo en Valdocco: compromiso espiritual, dicha interior, colaboración educativa, alegría de familia. Está convencido de que el espíritu salesiano «debe animar y guiar nuestras acciones y cada una de nuestras palabras». Lo dice con fuerza cuando escribe a Juan Cagliero y Santiago Costamagna en agosto de 1885: «Que lo nuestro sea el Sistema Preventivo ... Caridad, paciencia, dulzura ... Que esto valga para los salesianos entre sí, con sus alumnos y con los demás, de casa o de fuera». «Procura hacerte querer», aconseja al beato Miguel Rúa, dejándole una especie de testamento e indicándole el secreto del arte del Buen Pastor. San Juan Bosco transmite, pues, al final de su vida una convicción profunda y una herencia riquísima: la intuición que tuvo en el sueño de los 9 años. Al dar la supremacía a las "virtudes relacionales" - como pilares del diálogo educativo y de una colaboración eficaz -, san Juan Bosco demuestra que es un excelente discípulo de san Francisco de Sales.

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Una necesidad de los hombres de hoy

Hoy lamentamos una falta general de relación; la soledad hace más temible la muerte, especialmente a los jóvenes y ancianos. Las ciencias del hombre describen al hombre como un ser en relación. Desde el seno materno vive de relaciones. Una relación positiva lo construye y hace feliz; la relación negativa lo deprime y hasta puede destruirlo. En cualquier caso, la relación está en el corazón de todo acercamiento educativo, de todo esfuerzo de colaboración, de la serenidad familiar y de la eficacia de una comunidad educativo-pastoral. «Debemos ser hermanos de los hombres por el simple hecho de que queremos ser sus pastores, padres y maestros. El clima del diálogo es la amistad y el servicio».8

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Respuesta salesiana: el afecto ("amorevolezza")

El haber escuchado a los seglares y a los jóvenes nos ha convencido de que tienen grandes deseos de relación y de que en nuestra Congregación abundan experiencias que nos hacen confiar en la posibilidad de crecer en esa dirección, manifestando en plenitud - junto con los seglares y, en primer lugar, para con ellos - las riquezas del afecto salesiano y del espíritu de familia a que da origen.

Dicho afecto podría reducirse a un simple instrumento técnico, de captación y manipulación de la personalidad ajena, sea joven o adulta. Por ello, debe estar lleno de caridad y ser expresión de una auténtica espiritualidad relacional. Su fruto y signo es una castidad serena - tan estimada por san Juan Bosco -, que mantiene el equilibrio afectivo y la fidelidad oblativa. Robustecida y purificada así, la relación educativa se manifiesta en el encuentro personal, construye un ambiente formativo estimulante, anima a caminar en grupo y acompaña la maduración vocacional.

2.3. Compromiso en la Iglesia por el mundo

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La fuerza del "da mihi ánimas" y la nueva evangelización

El da mihi ánimas llena la vida de quienes se inspiran en san Juan Bosco, y da un tono peculiar a su relación con Dios, al trato con los hermanos y a su acción en la historia mediante la aportación personal. Afecta a la contemplación no menos que a la acción, a la voluntad de hacer el bien y al esfuerzo de buscar los medios necesarios para ello.

Como salesianos, demostramos el significado de nuestra existencia en el ardor de la caridad pastoral.

En nuestros días se advierte una crisis cultural de grandes proporciones, a la que la Iglesia desea responder con la nueva evangelización. El corazón de la respuesta está en inculturar el Evangelio: es una necesidad apremiante para la Iglesia. Tanto los salesianos como los seglares están llamados a ser cada vez más conscientes del ámbito en que deben actuar: la cultura y la educación.

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El reto de la cultura contemporánea

Hoy asistimos a una mayor sensibilidad social, civil y política, que obliga, a quienes se inspiran en san Juan Bosco, a prestar su misma atención a los movimientos y cambios culturales. La política del padrenuestro es, así, el proyecto de una sociedad renovada por el trabajo hecho con competencia y a conciencia, la elevación cultural y la alegría de la fe, para hacer de todos los hombres hijos iguales del mismo Padre.

En esta tarea, la conciencia renovada del laicado trae a primer plano la responsabilidad de todos los hombres de buena voluntad. Se imponen algunas urgencias: la familia como "santuario de la vida", el respeto por la dignidad de la persona y sus derechos, la difusión de una cultura de solidaridad y de paz, la promoción humana que lleva a condiciones de vida más justas y la defensa del equilibrio ecológico. Hay que relanzar y sostener la inserción en la política directa, vivida con espíritu de servicio, para que crezca la justicia y la fraternidad con la mirada puesta en los más pobres y en los últimos.9

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Todos juntos hacia un renovado compromiso apostólico

El discernimiento de las culturas como realidad humana que hay que evangelizar requiere un nuevo tipo de colaboración entre los responsables de la evangelización. Los salesianos y los seglares cristianos están llamados a poner en acción la fuerza recibida en el Bautismo: la fe; a confiar en Dios con actitudes de certeza: la esperanza, y a poner, como signo distintivo de su pertenencia a él, la disponibilidad hacia todos: la caridad.

Debemos procurar que la fe anunciada, vivida y celebrada en plenitud, se haga cultura: los valores culturales auténticos, discernidos y asumidos a la luz de la fe, son necesarios para encarnar en la cultura el mensaje evangélico. Por ello, la comunidad educativo-pastoral debe ser «experiencia de comunión y lugar de gracia, donde el proyecto pedagógico contribuye a unir en síntesis armónica lo divino y lo humano, el Evangelio y la cultura, la fe y la vida».10

En este nuevo horizonte, inspirado en la palabra de Dios y en la doctrina social de la Iglesia, se puede llevar adelante la novedad evangélica que pone en el centro la salvación de la persona, el servicio y la orientación hacia el Reino. Para los salesianos es una invitación a vivir más a fondo la radicalidad de su "seguimiento de Cristo", y para los seglares a progresar en la síntesis entre acogida del Evangelio y acción concreta.

El programa de vida condensado en las Bienaventuranzas, que presentan los valores del Reino y del Padrenuestro, puede ser propuesto también a quienes profesan otras religiones.

2.4. Espiritualidad de la cotidiano y del trabajo

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La vida ordinaria, lugar de encuentro con Dios

San Juan Bosco proponía, a sus primeros colaboradores y a los jóvenes del Oratorio, una manera de vivir en profundidad el Evangelio sin alejarse de la vida: vivir en presencia de Dios.

La vida de cada día era para él el espacio natural del perfeccionamiento de todos los hombres, el lugar de respuesta a la vocación humana y cristiana y, para los salesianos, también religiosa.

La intuición del valor de lo cotidiano nos lleva a valorar, con los seglares, la creación como don de Dios: la vida, la naturaleza, las cosas materiales producidas por el hombre y los relaciones interpersonales.

Solidarios con el mundo y con su historia,11 compartimos con los seglares las dificultades y los gozos que procura el contexto social en que vivimos, tratando de encontrar, juntos, en él los signos de la voluntad de Dios.

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El don del trabajo y la competencia profesional

San Juan Bosco enseñaba a sus jóvenes a emplear el tiempo en cosas útiles a la vida personal o comunitaria de forma sana, educativa y creativa. Él mismo fue ejemplo de una vida totalmente entregada al trabajo, y quiso que sus salesianos se distinguieran por su espíritu emprendedor y por la laboriosidad.

Mirando tal experiencia, vemos en Valdocco una verdadera escuela del trabajo, donde se sigue una pedagogía del deber que educa en la forma práctica de vivir la espiritualidad.

El trabajo, concebido como parte integrante del designio de Dios para todos los hombres, nos lleva a defender la dignidad de cualquier trabajo y del hombre como sujeto del mismo. Esta conciencia valora el esfuerzo conjunto e individual de SDB y seglares para educar a los jóvenes.

Entre nosotros, dadas las características de nuestra vocación, se requiere la competencia profesional, es decir, la mayor perfección posible en lo que se hace. Lo cual lleva consigo la voluntad de asumir la fatiga, el esfuerzo constante y la formación permanente que sea necesaria. La disciplina y el sentido del deber son para nosotros un camino de ascesis, medida concreta de nuestra maduración espiritual.

2.5. El Sistema Preventivo: en permanente escucha de Dios y del hombre

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Un acercamiento pedagógico que se renueva continuamente

Estamos convencidos de que la principal aportación al cambio del mundo para la llegada del Reino es la educación. «No hay duda - dice Juan Pablo II - que el primero y fundamental hecho cultural es el hombre espiritualmente maduro, es decir, el hombre plenamente educado, el hombre capaz de educarse a sí mismo y de educar a los demás».12 La aportación original que podemos ofrecer nosotros a la causa de la educación se llama Sistema Preventivo. Éste demuestra su permanente vitalidad en su saber dar respuesta a los retos más variados. En las múltiples situaciones en que debe aplicarse, necesita continuamente de una nueva comprensión. Es la necesidad a que se refería don Egidio Viganò cuando hablaba de nuevo Sistema Preventivo.

Elemento esencial de tal novedad es el hecho de que SDB, seglares adultos y jóvenes compartan una praxis educativa pastoral siempre en diálogo con los logros de las ciencias y con los contextos en que actúan.

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Elementos centrales del Sistema Preventivo

Para garantizar la fidelidad y la fecundidad, es necesario considerar bien las intuiciones originales de san Juan Bosco, quien estaba convencido de que «este sistema se basa plenamente en la razón, en la religión y en el amor».13 Estamos llamados a mirar de modo nuevo los tres fundamentos que él nos indicó.

a) Razón

Para san Juan Bosco razón es sinónimo de "conforme a razón" y persuasión, ideas que se oponen a las de constricción e imposición. La razón ayuda a valorar todas las cosas con sentido crítico y a descubrir el valor auténtico de las realidades terrenas, respetando su autonomía y dignidad secular. Capacita para descubrir y compartir el esfuerzo del hombre en el incesante y fatigoso proceso de personalización y socialización.

San Juan Bosco demostró, más con hechos que con palabras, que, en la raíz de su sistema educativo, hay un humanismo sólido y un aprecio genuino de las realidades creadas. Ello hace del Sistema Preventivo un sistema abierto, rico de esperanza en el hombre y capaz de adaptarse a todas las situaciones culturales. Por tanto, impone una atención particular a los contextos, una lectura previa de la situación de los jóvenes y una articulación de las actuaciones educativas mediante la formulación del proyecto educativo-pastoral salesiano. Así se podrá trazar un camino educativo equilibrado, evitando los peligros del "minimismo", que no se atreve a proponer, y del maximalismo, que quema etapas e impone cargas insoportables.

b) Religión

La religión, entendida como fe acogida y correspondida, es el lugar donde se cruzan el misterio de Dios y el misterio del hombre, vinculado a la fragilidad de su historia y de su cultura, pero también estimulado por la seguridad de la llamada de Dios. La conciencia de tal realidad nos invita a imitar la paciencia de Dios y a acoger a jóvenes y seglares en el punto donde «se encuentra el desarrollo de su libertad».14

Si, por un lado, debemos reconocer que tierra de misión son hoy todas las partes del mundo, por otro, tenemos que estar dispuestos a seguir caminos de educación en la fe bien estudiados y graduales.

En los contextos cristianos todavía es posible aplicar el Sistema Preventivo con cierta plenitud y ayudar a los seglares adultos y jóvenes a descubrir el rostro de Jesucristo. La escucha y el anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos - especialmente la Eucaristía y la Penitencia -, el compromiso de la caridad y del testimonio y la dicha de vivir bajo la mirada de un Padre que nos ama, son todavía metas educativas asequibles que debemos proponer sin demasiado miedo con una actitud serenamente ecuménica.15

En los contextos secularizados, donde la cultura parece muda e incapaz de hablar del Padre de Nuestro Señor Jesucristo, habrá que cultivar el anhelo de transcendencia y las grandes demandas de sentido que plantean la vida y la muerte, el dolor y el amor, sin ocultar el rayo de luz que nos llega de la fe.16

En los contextos de las grandes religiones monoteístas y de las tradicionales, el primer diálogo educativo será con los seglares más próximos, para reconocer con ellos la gracia que hay en dichas religiones, alentar el deseo de oración y valorar los retazos de Evangelio y de sabiduría educativa que hay en la cultura, en la vida y en la vivencia de los jóvenes.17

Muchas veces debemos trabajar con jóvenes y seglares, con hombres y mujeres de buena voluntad que no demuestran ninguna pertenencia religiosa explícita. Entonces el Sistema Preventivo nos mueve a buscar y acoger la chispa de verdad que late en el corazón de cada persona y a promover el diálogo de vida - especialmente en la solicitud por la vida humana y en la promoción de la dignidad de la mujer -, que prepara el camino para compartir más a fondo.18

c) Amor

Éste se manifiesta como acogida incondicional, relación constructiva y rica en propuestas, participación en las alegrías y en los dolores, capacidad de traducir en signos el amor educativo.

Además de invitar a cada educador a una presencia cordial y fiel entre sus jóvenes, compromete a la comunidad a crear un verdadero espíritu de familia.

El afecto salesiano manifiesta asimismo la caridad pastoral, que crea una nueva cultura educativa «ofreciendo una aportación específica a las iniciativas de los demás educadores y educadoras».19 Junto con los seglares que se inspiran en san Juan Bosco, tenemos el deber explícito de buscar los mejores modos y caminos para trasplantar el espíritu de san Juan Bosco a la vida pública y al mundo de la cultura, de la política y de la vida social. Así podrá dar origen a la nueva educación que abre el camino a la nueva evangelización.

Habrá que estudiar con una atención especial cómo poner el Sistema Preventivo en manos de las familias, ayudarles a iluminar los anhelos y problemas de hoy y a crear un ambiente de alegría, diálogo y solidaridad, haciendo así de ellas auténticas iglesias domésticas.


4 XXIII CG 95

5 Cf. Const. 95

6 Cf. CGE 91

7 MB X, 1.039

8 Pablo VI, Ecclesiam suam, núm. 82

9 Cf. ChL 42

10 VC 96

11 Const. 7

12 Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, año 1980, núm. 12

13 MB XIII, 919

14 Const. 38

15 Cf. XXIII CG 68­71

16 Cf. XXIII CG 76-77. 83

17 Cf. XXIII CG 72­74. 86

18 Cf. VC 102

19 VC 96