CAPÍTULO TERCERO: EL ESPÍRITU Y LA MISIÓN QUE SE COMPARTEN

1. EN LA RAÍZ DE LA NUESTRA UNIDAD

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El recuerdo del comienzo de Valdocco1 nos ha ayudado a entender mejor el corazón pastoral de san Juan Bosco, pero también su capacidad de implicar a otras personas: gracias a la aportación de un grupo de eclesiásticos y seglares, la capilla, los locales y los patios son una realidad.

Ello nos invita a renovar el corazón oratoriano y a entablar una comunión más profunda con quienes, de modo estructurado o individual, quieren llevar adelante el carisma de nuestro Fundador. Con ellos nos ponemos humildemente y con vigilante atención al servicio de todos los hombres, esforzándonos, con nuevo entusiasmo, por dar autenticidad a nuestra vocación, para que la misión salesiana pueda dar a la Iglesia y al mundo toda la aportación de que es capaz.

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El espíritu que nos es dado

Estamos, pues, llamados a compartir en la Familia Salesiana y con todos los seglares, no sólo la realización material del trabajo de cada día, sino también, y en primer lugar, el espíritu salesiano, para poder ser corresponsables de la misión en nuestras obras y más allá de sus fronteras. Dicho espíritu, tal como lo presentó el Capítulo General Especial (núms. 85 ss.), es un conjunto de aspectos y valores del mundo humano y del misterio cristiano que son nuestro estilo de pensar y sentir, de vida y acción; su centro es la caridad pastoral. San Juan Bosco suscita la simpatía y participación de los seglares comprometidos y nos invita a seguir con ellos un itinerario espiritual, que, a partir del espíritu salesiano compartido en mayor o menor grado, pueda llegar a opciones de fe y a una espiritualidad vivida y comunicada.

La comunicación de tal espíritu corresponde, ante todo, a los consagrados: «Sea cual sea la actividad o ministerio que ejercen las personas consagradas, recuerden que ante todo deben ser guías expertos de vida espiritual y, en esta perspectiva, cultivar el talento más valioso: el espíritu».2

Somos conscientes de que aquí se trata de una verdadera escuela de santidad. Aparece inmediatamente la riqueza del espíritu salesiano cuando, hecho vida concreta, se convierte en espiritualidad. Consideremos algunas de sus características más importantes.3


1 Cf. MO, pág. 134 ss.

2 VC 55

3 Hay esfuerzos interpretativos de calidad en algunos textos importantes: cf. las Constituciones SDB, que son nuestro principal punto de referencia; cf. también las Constituciones HMA, el Reglamento de Vida Apostólica de los Cooperadores, el documento Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana, los últimos capítulos generales; cf. también Don Egidio Viganò all'Università Salesiana (UPS, Roma 1996), págs. 162-163.