CAPÍTULO SEGUNDO: IRRADIACIÓN DEL CARISMA

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«Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron, nuestros padres nos lo han contado: la obra que realizaste en sus días, en los años remotos».1

En el designio de salvación que Dios realiza por la Iglesia, los salesianos contemplamos el carisma que el Espíritu se dignó dar y difundir por medio de san Juan Bosco.

El Señor, con la mediación de María, lo llamó a cuidar a la «juventud pobre, abandonada y en peligro».2 Quiso que no estuviera solo, sino que fuera padre de una gran familia y guía de una multitud de jóvenes. Por eso, su historia es también nuestra historia.

Mirando a san Juan Bosco, se ilumina nuestra capacidad de discernimiento y aumenta el deseo de decir a los seglares lo que él dijo un día al joven Miguel Rúa: «Tú y yo iremos a medias».

1. EN LOS ORÍGENES

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Adolescencia y juventud de san Juan Bosco

Juanito Bosco es ya un hábil comunicador y animador: arrastra a otros y organiza grupos y asociaciones apelando inteligentemente a las cualidades de cada uno. En Chieri, apreciado por sus compañeros como jefe de una cuadrilla, funda la Sociedad de la Alegría. Durante las vacaciones funda en Murialdo otra "sociedad" del mismo nombre.

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Las experiencias de Valdocco

Con idéntica determinación, el joven sacerdote diocesano hace algo parecido con el grupo de colaboradores del Oratorio de san Francisco de Sales. Logra que un grupo de eclesiásticos, seglares, hombres y mujeres, comparta su labor y se haga corresponsable de ella.

Le ayudan en la catequesis y en las clases, a asistir en la iglesia, a dirigir las oraciones de los chicos, a prepararlos para la Primera Comunión y la Confirmación, a mantener el orden, a asistir en el patio jugando con ellos, a colocar a los más necesitados en el taller o tienda de algún patrón honrado.

Simultáneamente, él se interesa por su vida espiritual mediante encuentros personales, conferencias, la dirección espiritual y la administración de los sacramentos.

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En el apostolado, sus mejores colaboradores son los jóvenes que llevan algún tiempo con él y comparten el servicio del prójimo en los más abandonados. Los más adictos lo ejercerán con sus coetáneos en las Compañías: de la Inmaculada Concepción, del Santísimo Sacramento, de San Luis y de San José.

Todos siguen su ejemplo; él les pone, como modelo de entrega apostólica y de amor, a san Francisco de Sales, patrono principal del Oratorio. Tales ejemplos inducen a los chicos a actos de auténtico heroísmo.

Con algunos de ellos nace, el 18 de diciembre de 1859, la Sociedad de san Francisco de Sales. Se trata de una comunidad religiosa que, ya en sus primeros años, se muestra abierta a los valores del mundo, asumiendo una dimensión secular que se pone de manifiesto específicamente por la presencia de salesianos coadjutores. Son éstos, en particular, quienes ayudan a unir la comunidad salesiana con la sociedad civil, sobre todo en el mundo del trabajo. Nuestro Fundador no deja de aprovechar los consejos de Urbano Ratazzi, quien, a pesar de ser ministro liberal y responsable de leyes contra la Iglesia, le indica el camino políticamente correcto para fundar una sociedad religiosa cuyos miembros conserven todos sus derechos civiles.

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En los primeros borradores de las Constituciones prevé la posibilidad de que haya salesianos que, viviendo en el siglo, pertenezcan a la Pía Sociedad sin profesar los tres votos, pero cumpliendo la parte del Reglamento que les sea compatible con su edad y condición. No pudiendo llevar adelante su proyecto, por las dificultades jurídicas de la época, funda la Pía Unión de Cooperadores, que considera «importantísima» y «alma de la Congregación».3 Su Reglamento es aprobado el 24 de junio de 1876.

Por la misma época, acogiendo una iniciativa de Carlos Gastini, crea la Asociación de Antiguos Alumnos, quienes participan de la misión salesiana en la sociedad civil haciendo fructificar la educación recibida.

Años atrás había fundado la Archicofradía de Devotos de María Auxiliadora (hoy ADMA), erigida el 5 de abril de 1870 por breve pontificio de Pío IX.

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La colaboración femenina

A pesar de la actitud de reserva y alejamiento del mundo femenino, que san Juan Bosco comparte con el clero de su época, tiene un estilo de delicada y sencilla cordialidad con las mujeres que debe tratar.

Su presencia es fundamental en la vida del Oratorio. Está Margarita, primera cooperadora y madre del Oratorio, con quien su hijo comparte el gobierno de casa. Más tarde llegarán las madres de Miguel Rúa y de Miguel Magone. Otras señoras de la sociedad turinesa colaboran con él y le brindan su ayuda en las actividades domésticas, le asisten económicamente y le allanan el camino de los despachos oficiales.

Se reconoce así que, para lograr un clima de familia, la presencia de la mujer es sumamente útil. La mujer aporta una complementariedad de actuaciones que enriquece la relación educativa y da una tonalidad peculiar al afecto salesiano.

La posibilidad, que le ofrece la Marquesa de Barolo, de trabajar con las chicas más pobres, lo estimulará más tarde a hacer algo por ellas. Tras su encuentro con Domingo Pestarino y un grupo de jóvenes mornesinas, a cuyo frente está Mª Dominica Mazzarello, descubre el modo de hacer, por las jóvenes, lo que desde hacía tiempo guardaba en su corazón. Tiene la alegría de reconocer el plan de Dios, que, con un único designio de gracia, había suscitado la misma experiencia de caridad apostólica en la Santa, y la implica de modo singular en la fundación del Instituto de Hijas de María Auxiliadora.4

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Patrimonio compartido

Hay indudablemente, en torno a san Juan Bosco, un vasto movimiento de personas y grupos, de jóvenes, hombres y mujeres, de las más variadas situaciones de vida, que comparten con él algunos elementos que son puntos firmes de referencia: una espiritualidad modelada sobre la de san Francisco de Sales; una misión bien definida: salvar a la juventud, especialmente la más pobre y abandonada; un proyecto dinámico de educación y evangelización: el Sistema Preventivo (san Juan Bosco quiso escribir un Sistema Preventivo para seglares); un ambiente donde las relaciones originales de cada uno se basan en la misma finalidad: el Oratorio, con un clima y un estilo propio, llamado "espíritu de familia", donde cada uno se siente acogido, valorado y ayudado a dar y recibir.

Desde el principio, Valdocco es «casa que acoge, parroquia que evangeliza, escuela que prepara para la vida y patio donde se comparte la amistad y la alegría».5

San Juan Bosco va adelante, no sin tensiones, ensanchando las fronteras de su misión con los jóvenes pobres y abandonados y abriendo nuevas obras dentro y fuera de Italia. A partir de 1875 organiza expediciones misioneras a América, que en adelante serán anuales.

Sus célebres sueños son una especie de explicitación figurada del vasto universo que acaricia para su misión: todas las tierras habitadas, desde Valparaíso hasta Pekín pasando por África.


1 Salmo 43

2 Const. 26

3 Cf. CGE 733

4 Cf. Const. HMA 2

5 Const. 40