2. CONVOCADOS POR CRISTO PARA SER SIGNOS E INSTRUMENTOS DE COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN[61] Cristo encarnado realiza la comunión Con su encarnación, el Hijo de Dios entra en la familia humana; vive como un trabajador de su tiempo y de su pueblo; adopta su cultura y religión; se hace en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado.11 Así santifica los vínculos humanos, especialmente los familiares, y da valor y nueva dignidad a todas las realidades creadas, que se convierten en instrumentos y lugar de comunión con Dios. Jesucristo abate todas las barreras y da la preferencia a los pobres y a los últimos, característica que distingue su misión evangelizadora. Por su Pascua queda constituido en primogénito de toda la creación y, por medio de él, Dios rehace la comunión original entre todas las cosas del cielo y de la tierra.12 [62] La Iglesia, signo e instrumento de comunión y participación Esta nueva realidad se da, ante todo, en la Iglesia, cuya misión es anunciar y construir el Reino de Dios. Su vocación fundamental es estar unida a Cristo.13 De ese vínculo nace la comunión entre todos,14 cuya intensidad apreciamos en las imágenes bíblicas del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios.15 Es una comunión que nace del Bautismo y de la Confirmación y se alimenta en la Eucaristía.16 Pero es frágil: los pecados personales o comunitarios la debilitan hasta el punto de poderla romper. El sacramento de la Reconciliación le da nuevo vigor y nueva vida. [63] La Iglesia, levadura del Reino en la historia humana La Iglesia, animada por el Espíritu, sabe reconocerlo y servirlo doquier él se manifieste, para que toda realidad humana encuentre la salvación. La comunión y la misión están tan íntimamente unidas entre sí, que la comunión es fuente y, a la vez, fruto de la misión.17 Todos los miembros de la Iglesia, sin distinción, cada uno según su propia vocación, están llamados a tomar parte activa y corresponsable en esa misión. Todos, con la profundidad de su fe, con la fraternidad de la vida comunitaria, con la riqueza de los carismas y con el dinamismo de su trabajo anuncian el Reino y lo hacen presente. [64] La Iglesia y su misión secular La Iglesia está en el mundo y vive para el mundo. Asume sus valores purificándolos y elevándolos con la novedad de la Pascua. Realmente «la Iglesia tiene una dimensión secular auténtica, inherente a su naturaleza íntima y a su misión, cuya raíz se hunde en el misterio del Verbo Encarnado y se realiza de formas diversas en sus miembros».18 En esta hora de profundas transformaciones de la cultura y de
la sociedad, los creyentes están llamados a unirse a todos los
hombres de buena voluntad, para cultivar las semillas del Reino
que hay en todas partes como signos del Espíritu Santo, que
actúa en la creación y en la historia. |