SEGUNDA PARTE: SALESIANOS Y SEGLARES: MEMORIA Y PROFECÍA

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      • Aquel buen hombre parecía loco de alegría

        por la dicha de tener en casa una iglesia.

        - Gracias, amigo, por tu caridad y simpatía.

        Acepto tus buenas condiciones,

        con tal que me prometas también

        que ya el próximo domingo

        podré venir aquí con mis chicos.

        • (MO, pág. 136)

CAPÍTULO PRIMERO: LOS SALESIANOS Y LOS SEGLARES EN EL MUNDO Y EN LA IGLESIA

1. LLAMADOS POR EL PADRE A TRABAJAR EN SU REINO

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«Me parecía - escribe Don Bosco al llegar a Valdocco - que era realmente el lugar donde había soñado que estaba escrito: "Haec domus mea, inde gloria mea"». Y sigue el Santo, destacando la solicitud del Arzobispo al concederle la facultad «de cantar la misa, hacer triduos, novenas y ejercicios espirituales, y preparar la confirmación y la santa comunión, e incluso de que pudieran cumplir con el precepto pascual quienes frecuentaran nuestra Institución».1

Del conjunto de la narración se deduce fácilmente que "ser Iglesia" y hacer "experiencia de Iglesia" es el corazón de la propuesta educativa de nuestro santo Fundador.

La apertura de Valdocco el día de Pascua de 1846 se convierte en signo de la unión que hay entre el Oratorio de Don Bosco y la Comunidad del Resucitado.

La misión salesiana está al servicio del gran proyecto de comunión que, iniciada en la creación, tiene su plenitud en la Pascua de Cristo.

[58]

Creados para vivir en comunión

El hombre, creado «a imagen y semejanza de Dios»,2 está llamado a vivir en relación, manifestando así el don de la comunión trinitaria que hay en su corazón.

Este don es también un compromiso,3 pues la vida es vocación a crecer en la comunión con Dios y con el prójimo, a desarrollar las propias posibilidades y a transformar el mundo y la naturaleza en casa digna de la familia humana.

Esta comunión se manifiesta, ante todo, en la convivencia del varón con la mujer4 con idéntica dignidad y responsabilidad. Se trata de una relación recíproca y complementaria. Se vive, sobre todo, en la familia, sujeto fundamental de la sociedad, comunidad de personas que hace visible y comunica el don de la comunión.

[59]

Acogiendo la creación y la historia

«Dios vio todo lo que había hecho, y era muy bueno».5 Las cosas creadas tienen una bondad intrínseca y una autonomía y consistencia propias.

La humanidad responde a la iniciativa de Dios, que la llama a colaborar en la construcción del Reino transformando el mundo con el trabajo, la ciencia y la técnica, desarrollando la sociedad con la política y la economía y trabajando por la justicia y solidaridad entre todos los pueblos. Signo de ello es el testimonio de grandes hombres y mujeres. Este proyecto manifiesta la unidad de todos los seres humanos, que tienen el mismo origen y caminan hacia el mismo fin. Dios ama realmente al mundo y llama a todos a trabajar juntos para construirlo en la unidad y en la paz.6

[60]

En un camino de reconciliación

En la historia de la humanidad, el pecado destruye la unidad originaria, entorpece los relaciones interpersonales, envenena la relación con la naturaleza, cambia la verdad de Dios con la mentira y da entrada a la muerte en el mundo.7

A pesar de todo, la última palabra no la tienen ni el pecado ni la muerte del hombre, sino el amor y la vida de Dios.8 En aquel naufragio inicial de la humanidad comienza la larga y todavía no terminada historia de la aventura humana, simultáneamente profana y salvífica.

Hay retazos de salvación en las diversas religiones, donde se manifiesta el esfuerzo de la humanidad por buscar a Dios; búsqueda que también se debe a las mociones de la gracia y cuya plenitud definitiva se halla en el misterio de Cristo.9 Descubrimos asimismo la presencia y acción de Dios en las personas de buena voluntad y de conciencia recta.

Esto nos invita a colaborar con ellas, y con los creyentes de todas las religiones, en la construcción de un mundo más humano, justo y fraterno.10


1 Cf. MO, págs. 137-141

2 Gn 1, 26

3 Cf. Gn 1, 28

4 Cf. Gn 2, 18

5 Gn 1, 31

6 Cf. Gaudium et spes 92

7 Cf. Gn 3, 1­24; Sb 2, 24

8 Cf. Gn 3, 15

9 Cf. LG 16; NA 1, 2

10 En tal sentido podemos ampliar el significado del término "seglar", incluyendo a todos los que, sin pertenecer a la Iglesia Católica, desean contribuir, de uno u otro modo, al proceso de una educación plena según el espíritu de san Juan Bosco (cf. ACG 350, pág. 10 y 12).