SEGUNDA PARTE: SALESIANOS Y SEGLARES:
MEMORIA Y PROFECÍA
-
-
Aquel buen hombre parecía loco de
alegría
por la dicha de tener en casa una
iglesia.
- Gracias, amigo, por tu caridad y
simpatía.
Acepto tus buenas condiciones,
con tal que me prometas también
que ya el próximo domingo
podré venir aquí con mis chicos.
CAPÍTULO PRIMERO: LOS SALESIANOS Y LOS
SEGLARES EN EL MUNDO Y EN LA IGLESIA
1. LLAMADOS POR EL PADRE A TRABAJAR EN
SU REINO
[57]
«Me parecía - escribe Don Bosco al llegar a Valdocco
- que era realmente el lugar donde había soñado que estaba
escrito: "Haec domus mea, inde gloria mea"». Y
sigue el Santo, destacando la solicitud del Arzobispo al
concederle la facultad «de cantar la misa, hacer triduos,
novenas y ejercicios espirituales, y preparar la confirmación y
la santa comunión, e incluso de que pudieran cumplir con el
precepto pascual quienes
frecuentaran nuestra Institución».1
Del conjunto de la narración se deduce fácilmente que
"ser Iglesia" y hacer "experiencia de
Iglesia" es el corazón de la propuesta educativa de nuestro
santo Fundador.
La apertura de Valdocco el día de Pascua de 1846 se convierte
en signo de la unión que hay entre el Oratorio de Don Bosco y la
Comunidad del Resucitado.
La misión salesiana está al servicio del gran proyecto de
comunión que, iniciada en la creación, tiene su plenitud en la
Pascua de Cristo.
[58]
Creados para vivir en comunión
El hombre, creado «a imagen y semejanza de Dios»,2
está llamado a vivir en relación, manifestando así el don de
la comunión trinitaria que hay en su corazón.
Este don es también un compromiso,3 pues la
vida es vocación a crecer en la comunión con Dios y con el
prójimo, a desarrollar las propias posibilidades y a transformar
el mundo y la naturaleza en casa digna de la familia humana.
Esta comunión se manifiesta, ante todo, en la convivencia del varón con la mujer4
con idéntica dignidad y responsabilidad. Se trata de una
relación recíproca y complementaria. Se vive, sobre todo, en la
familia, sujeto fundamental de la sociedad, comunidad de personas
que hace visible y comunica el don de la comunión.
[59]
Acogiendo la creación y la historia
«Dios vio todo lo que había hecho, y era muy bueno».5 Las cosas creadas
tienen una bondad intrínseca y una autonomía y consistencia
propias.
La humanidad responde a la iniciativa de Dios, que la llama a
colaborar en la construcción del Reino transformando el mundo
con el trabajo, la ciencia y la técnica, desarrollando la
sociedad con la política y la economía y trabajando por la
justicia y solidaridad entre todos los pueblos. Signo de ello es
el testimonio de grandes hombres y mujeres. Este proyecto
manifiesta la unidad de todos los seres humanos, que tienen el
mismo origen y caminan hacia el mismo fin. Dios ama realmente al
mundo y llama a todos a trabajar juntos para construirlo en la unidad y en la paz.6
[60]
En un camino de reconciliación
En la historia de la humanidad, el pecado destruye la unidad
originaria, entorpece los relaciones interpersonales, envenena la
relación con la naturaleza, cambia la verdad de Dios con la
mentira y da entrada a la muerte en el mundo.7
A pesar de todo, la última palabra no la tienen ni el pecado
ni la muerte del hombre, sino el amor y la vida de Dios.8 En aquel
naufragio inicial de la humanidad comienza la larga y todavía no
terminada historia de la aventura humana, simultáneamente
profana y salvífica.
Hay retazos de salvación en las diversas religiones, donde se
manifiesta el esfuerzo de la humanidad por buscar a Dios;
búsqueda que también se debe a las mociones de la gracia y cuya
plenitud definitiva se halla en el misterio de Cristo.9
Descubrimos asimismo la presencia y acción de Dios en las
personas de buena voluntad y de conciencia recta.
Esto nos invita a colaborar con ellas, y con los creyentes de
todas las religiones, en la construcción de un mundo más
humano, justo y
fraterno.10
1
Cf. MO, págs. 137-141
2
Gn 1, 26
3
Cf. Gn 1, 28
4
Cf. Gn 2, 18
5
Gn 1, 31
6
Cf. Gaudium et spes 92
7
Cf. Gn 3, 124; Sb 2, 24
8
Cf. Gn 3, 15
9
Cf. LG 16; NA 1, 2
10 En tal sentido podemos
ampliar el significado del término "seglar",
incluyendo a todos los que, sin pertenecer a la Iglesia
Católica, desean contribuir, de uno u otro modo, al proceso de
una educación plena según el espíritu de san Juan Bosco (cf.
ACG 350, pág. 10 y 12).
|