CAPÍTULO TERCERO: PERSPECTIVAS[52] Del contexto del mundo actual, de la Iglesia y de la situación relacional entre SDB y seglares surgen algunas perspectivas que necesitan un fundamento doctrinal que oriente nuestra acción, como apertura significativa hacia un futuro de novedad y de fecundidad carismática. 1. EXTENDER LA IMPLICACIÓN EN EL ESPÍRITU Y EN LA MISIÓN[53]Nuestra misión requiere hoy la convocación de todas las fuerzas de la Familia Salesiana y del vasto movimiento de personas que giran en torno a san Juan Bosco, para afrontar estratégicamente el actual momento sociocultural y religioso, de valor pluriforme, con un servicio adecuado en el contexto de la comunidad civil local y de la Iglesia particular, lugares ordinarios de la acción educativa. La relación entre SDB y seglares favorece el crecimiento del religioso como signo profético de la novedad del Reino: su consagración da testimonio de la supremacía de Dios y celebra el amor del Padre en el corazón del hombre y en la historia. Dicha relación produce en el salesiano un cambio de mentalidad y le abre a un nuevo estilo de comunión y participación. De los salesianos dicen los seglares que desearían sentirlos más cercanos, más solícitos en la animación y coordinaci-n y más atentos a su acompañamiento. Los jóvenes piden con insistencia que el salesiano los inicie en los problemas de la vida y los abra a la zona y a la Iglesia local, asociándolos a su misión con espacios de corresponsabilidad. También la presencia de la mujer ayuda a los salesianos, no sólo a entender el universo femenino, sino también a vivir una relación educativa más plena: el hombre y la mujer hacen que el joven - él y ella - descubra su identidad personal y acepte como enriquecedor lo que tiene de específico para ofrecerlo como don en la reciprocidad. Los salesianos jóvenes reciben un apoyo más eficaz cuando, desde la formación inicial, se les orienta a experiencias de colaboración con seglares, tanto en el terreno práctico, como en la confección del proyecto educativo-pastoral. 2. FOMENTAR UN NUEVO ESTILO DE COMUNIÓN Y CORRESPONSABILIDAD[54] El hecho de estar juntos en algunos momentos importantes y de dar más cabida al encuentro y a la participación robustece el espíritu de familia, favorece la reciprocidad e intensifica la colaboración. Se impone, pues, un nuevo estilo de comunicación, si queremos ser eficaces ante retos tan complejos como la inculturación, los nuevos contextos y la condición juvenil. La apertura al diálogo, a lo nuevo, a la riqueza y dones de nuestros colaboradores aumentará la capacidad de dar nuevas respuestas. Este estilo nuevo estimula al seglar a asumir responsabilidades en la misión. El compromiso lleva, sobre todo entre los jóvenes, a hacer un discernimiento vocacional y a optar por la vida de consagración. Gracias a tales estímulos, el salesiano comprende que es signo de la supremacía de Dios en la vida, profecía del Reino, testigo de comunión, agente de salvación entre los jóvenes y guía de vida espiritual. Ya lo decía don Egidio Viganò al convocar el XXIV Capítulo General: «Afrontar el tema de los seglares significa hablar a la comunidad salesiana de sí misma, de plantear de nuevo sus servicios y tareas y de su modo de ser y obrar... El testimonio de fidelidad al don de Dios, recibido y encarnado por una comunidad más atenta a las exigencias y a la corresponsabilidad de los seglares, compromete en la vertiente de la identidad: la supremacía de la espiritualidad».1 3. PROMOVER UN CAMINO DE FORMACIÓN EN COMÚN[55]La misión, la inculturación, el diálogo y la comunicación exigen un nuevo estilo de formación, para afrontar el contexto que nos rodea, responder a los jóvenes y ser corresponsables con los seglares en la misión. Lo primero que piden los seglares es que se haga un plan de formación con vistas a su preparación espiritual y carismática. En segundo lugar dicen que la formación en la comunión y participación debería hacerse en común. Juntos se ha de afrontar la condición juvenil, que ha cambiado; juntos se va a los amplios contextos plurirreligiosos y pluriculturales; juntos se vive la fecundidad de la comunidad educativo-pastoral y la eficacia del proyecto educativo-pastoral; juntos se buscan espacios nuevos, tales como el voluntariado u otras experiencias significativas. Cada vez es también mayor la convicción de que el campo del
trabajo cotidiano es lugar del crecimiento auténtico: la red de
relaciones que se entablan en una comunidad educativo-pastoral
viva y operante es lugar de intensa formación permanente, que
abarca los aspectos humanos, pedagógicos y salesianos. Estas relaciones
transmiten mensajes, capacitan para nuevos lenguajes, favorecen
una escucha más atenta del mundo y la cultura juvenil,
especialmente cuando la comunidad educativo-pastoral cultiva el
protagonismo de los jóvenes. [56] Sensibles a los retos que llegan de nuestro mundo,
particularmente del mundo juvenil, y a la luz de los dones de
Dios y de la vocación que hemos recibido, somos conscientes de
nuestras limitaciones; por eso rezamos: Con corazón humilde te confesamos, Padre, nuestra incapacidad para acoger los retos del mundo juvenil, la fragilidad de una fe que no se atreve a esperar, la tibieza de una pasión que ya no impulsa a buscar vías nuevas, los innumerables temores que obstaculizan el intercambio de nuestros dones, el cansancio, las omisiones y otras muchas pobrezas. A pesar de todo, Padre, con confianza de hijos y celebrando el poder de tu gracia, nos atrevemos a pedirte: fe más madura, amor a los jóvenes, audacia apostólica, renovada creatividad, optimismo salesiano, voluntad de comunión y una caridad paciente. Amén. |