3. FORMAS DE COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y
PERTENENCIA: LA FAMILIA SALESIANA Y EL MOVIMIENTO SALESIANO
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La Familia Salesiana
San Juan Bosco, «además de la Sociedad de San Francisco de
Sales, fundó el Instituto de Hijas de María Auxiliadora y la
Asociación de Cooperadores Salesianos».5 Estos grupos y
otros que nacieron más tarde forman la Familia Salesiana.6
La unidad de la Familia Salesiana crece por la comprensión
de la misión común a partir de la vocación específica de cada
uno.
El camino posconciliar nos trae una valiosa herencia de metas
alcanzadas: la publicación de los documentos oficiales de cada
rama de la Familia Salesiana con miras a la animación y vida de
las asociaciones; el documento Identidad de la Comunión;
la participación de algunos seglares en el XXIV Capítulo
General, signo visible y profético de un itinerario de
formación que debemos seguir juntos.
Sin embargo, no todos han asimilado el cambio de mentalidad
para reconocer la responsabilidad común en la misión juvenil,
incluso porque no siempre se ha hecho el discernimiento
vocacional en los diferentes grupos prestando atención al papel
del seglar cristiano.
Existen aún ámbitos en los que cierto paternalismo debilita
la autonomía de los seglares, y la escasa formación compromete
la corresponsabilidad en la misión.
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El Movimiento Salesiano
Sería un empobrecimiento y una simplificación excesiva
reducir a la sola Familia Salesiana el área de influencia de la
persona y del mensaje de san Juan Bosco.
Desde el principio de la Obra Salesiana se creó en torno a
nuestro Fundador un vasto movimiento7 de
personas y grupos, hombres y mujeres, de las más variadas
condiciones de vida. En la historia, el Movimiento se ha
distinguido por una convergencia espiritual y por compartir el
objetivo de la educación, con tal amplitud que su
implicación llega incluso a quien está fuera del horizonte
cristiano.
El modelo de Valdocco ha superado los límites de una cultura
y una tierra; el objetivo de formar "buenos cristianos y
ciudadanos honrados" se ha extendido a todo el mundo. Hoy la
presencia salesiana se encarna en los más variados contextos,
incluso en los que tienen un planteamiento pluricultural y
plurirreligioso, y logra una amplia gama de colaboraciones.
Utilizando imágenes que ayuden a comprender esto, podríamos
decir que lo mismo que todo eco pertenece a una voz, todo flujo
de agua a su manantial y toda rama a su raíz, y que todo
círculo, incluso el más lejano e imperceptible, es concéntrico
al impulso inicial, lo mismo sucede con quienes «trabajan por la
salvación de la juventud» en nombre de san Juan Bosco.
El Movimiento Salesiano no es una realidad con una
organización precisa; es, sobre todo, una conciencia, un
espíritu, una movilización, una pertenencia afectiva y efectiva
con vistas al bien de los jóvenes.
Aunque no siempre ni los SDB ni la Familia Salesiana tienen
conciencia de la riqueza y amplitud de la irradiación del
carisma de san Juan Bosco, tales valores los advierten muy bien
quienes desean ser implicados en los procesos de la educación.
Hay dos indicadores más claros:
a. el voluntariado juvenil y social, entendido como
ofrecimiento de tiempo, entrega y compromiso, soporte y servicio
a la pastoral y a la promoción humana;
b. el diálogo y la implicación educativa que tiene
lugar en todos los continentes con diversa intensidad cultural y
religiosa, en un proceso interactivo de intercambio de dones y de
ecumenismo.
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En este amplio contexto de Movimiento Salesiano se inserta la
multiforme realidad de los Amigos de Don Bosco:
simpatizantes, admiradores, bienhechores, colaboradores, asesores
técnicos, creyentes
y no creyentes, no cristianos.8 Aunque con
diversos matices, presentan la siguiente identidad:
- demuestran una actitud de simpatía por san Juan Bosco, su
espíritu y su misión;
- le profesan afecto;
- quieren colaborar, de diversos modos, en iniciativas de
bien, compartiendo así la misión salesiana.
Se reconoce que los Amigos de Don Bosco forman parte de un
movimiento más amplio que la realidad actual de la Familia
Salesiana. Su inserción en el espíritu y en la misión de san
Juan Bosco varía, con las más diversas gradaciones y actitudes,
según la imagen de los círculos concéntricos: para unos se
trata de una implicación directa, para otros de participación
indirecta.
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A partir del centenario de 1988 y del XXIII Capítulo General,
los SDB, la Familia Salesiana y el Movimiento Salesiano comparten
un auténtico camino de comunión y participación.
Los jóvenes son su parte más sensible y la que mejor
responde: aceptan de buena gana ponerse en movimiento para vivir
la opción salesiana al servicio de los jóvenes.
Aunque no en todas las inspectorías se han logrado los mismos
objetivos ni se comparte igualmente, la verdad es que en todas
partes se ha procurado entablar con los SDB una nueva modalidad
de encuentro, capaz de producir resultados vocacionales y de
abrir con los jóvenes nuevas fronteras hacia los lejanos e
indiferentes, como respuesta a las nuevas demandas y a los nuevos
retos.
El Movimiento Juvenil Salesiano ha obtenido
reconocimiento oficial de la Santa Sede: participa en las
reuniones del "Consejo de Seglares".
Es un movimiento de carácter educativo que se brinda a todo
joven que tenga espíritu misionero.
Los más sensibles saben que son portadores de un patrimonio
precioso para la Congregación, y piden que se les ayude a
descubrir su proyecto de vida y a elegir un camino que robustezca
su espiritualidad y testimonio.
El alma del Movimiento Juvenil Salesiano no es la
organización, sino la espiritualidad juvenil salesiana: tal es
el punto de encuentro de todos los grupos.
La espiritualidad requiere, por tanto, un esfuerzo constante
de formación. Hay que prestar una atención particular a la
orientación vocacional de los jóvenes, de modo que se inserten
en el mundo eclesial y social con opciones y compromisos que
respondan a los problemas del mundo actual.
5 Const. 5
6 Cf. Ibídem
7 Cf. Const. 5; Identidad
de la Comunión, 32
8 Cf. E. Viganò, ACG
350, pág. 6
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