CAPÍTULO SEGUNDO: SITUACIÓN DE LA RELACIÓN ENTRE SALESIANOS Y SEGLARES

1. DESEOS Y REALIZACIONES

1.1. Aspectos positivos de la relación entre SDB y seglares

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Nueva conciencia en la comunidad salesiana

Los capítulos inspectoriales ponen de manifiesto una interesante convergencia en la necesidad de una relación profunda, en los ámbitos operativo y existencial, entre SDB y seglares.

Casi por doquier hay ya realizaciones positivas. La misma celebración de los capítulos inspectoriales abrió posibilidades insospechadas. Muchos seglares se implicaron en el ámbito local e inspectorial compartiendo con los salesianos su reflexión sobre el tema del XXIV Capítulo General.

La comunidad salesiana es cada vez más consciente de que tiene un papel y una tarea concreta de animación y formación para con la Familia Salesiana y los seglares que comparten su misión.

En diversos contextos de la Congregación se señalan experiencias significativas. Muchas comunidades descubren poco a poco su papel y, superadas las primeras incertidumbres, comprueban lo positivo que es confiar a seglares ciertos ámbitos de responsabilidad.

A medida que crece la nueva sensibilidad y se subraya el camino que están haciendo las comunidades y cada salesiano, se pide con insistencia un cambio de mentalidad más decidido, para llegar a una verdadera acogida de la presencia seglar y a una nueva atención a la mujer, reconociendo y aceptando los valores de la complementariedad y reciprocidad.

En algunas naciones donde la mujer se ve relegada a un papel subordinado al hombre, su implicación aparece como novedad y profecía.

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Lugares de una relación más intensa entre SDB y seglares

La reflexión en común, el proyecto compartido y la relación con los seglares son experiencias positivas, sobre todo en las "nuevas presencias", surgidas como respuesta ágil e inmediata a los problemas que plantean el malestar juvenil, la marginación, etc.

En dichas presencias tienen lugar también las mejores formas de participación seglar y de voluntariado.

La relación es también positiva en las parroquias, en los colegios y escuelas y en los oratorios y centros juveniles abiertos a la zona. También aquí aumenta el lugar para los seglares.

En las misiones, el protagonismo seglar es un hecho consolidado, aunque podría serles útil una formación mejor pensada y más sistemática.

Merece, igualmente, una mención especial, por su valor educativo, la labor de los padres y el papel de las familias en muchas de nuestras presencias, que a veces desemboca en asociaciones reconocidas inspectorial y nacionalmente.

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Implicación gradual de los seglares

La implicación de los seglares en el espíritu salesiano es un camino gradual hacia la comunión. La mayoría de las veces comienza en un encuentro más o menos casual con san Juan Bosco y su obra. Surgen así una serie de actitudes que van de la simpatía, nacida en el primer contacto con san Juan Bosco y con el ambiente y el estilo salesiano, al interés por conocer mejor su carisma; de la asunción de los valores y forma de vida de los salesianos a la comunión en el espíritu por el descubrimiento de una vocación.

Así se camina hacia el descubrimiento "vocacional" por parte de muchos seglares: una llamada a vivir los valores de la laicidad en la vocación cristiana y salesiana; un ofrecimiento de tiempo, fuerzas y habilidades para la misión.

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Participación de los seglares en la misión

También la participación en la misión salesiana se presenta como una realidad variada, gradual y progresiva: va de la simple presencia por obligación - de quien presta un servicio, ofrece su preparación profesional y nada más o porque es de la parroquia salesiana - a la colaboración por motivos de trabajo o por opción libre y a la corresponsabilidad de quien asume con nosotros la misión.

El camino de la implicación lleva a la comunión en el espíritu, y el de la corresponsabilidad hace compartir la misión salesiana. Comunión y participación, implicación y corresponsabilidad son las dos caras de la misma medalla.

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Variedad de seglares

Al compartir la misión juvenil y popular, los salesianos entran de hecho en relación con una variada gama de colaboradores: católicos conscientes de su identidad, católicos de práctica religiosa más o menos constante; cristianos no católicos; miembros de otras religiones; adheridos a grupos religiosos, incluso cristianos, de tendencia fundamentalista; seglares agnósticos o indiferentes en tema de religión.

No son pocos, en todas las partes del mundo, los seglares que comparten el trabajo por los jóvenes en cuanto miembros de un grupo de la Familia Salesiana.

Todos ellos, por su amor a los jóvenes y a san Juan Bosco, forman parte, a sabiendas o sin saberlo, de un «vasto movimiento de personas que, de diferentes formas, trabajan por la salvación de la juventud».1

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Compromiso de los jóvenes

En toda nuestra Congregación aparece cada vez más claro un amplio panorama del compromiso juvenil, que pone de manifiesto nuevas sensibilidades y perspectivas prometedoras. Esta nueva estación de implicación juvenil en la misión salesiana comienza por el descubrimiento de la animación, vivida como actualización, en términos modernos, de una intuición de san Juan Bosco según la cual los jóvenes deben ser misioneros de los jóvenes.

Actualmente son muchos los jóvenes que trabajan con los SDB en los oratorios y centros juveniles, en las escuelas y colegios, en las comunidades eclesiales, en las parroquias y en las misiones. Son catequistas, animadores de grupos, delegados de clase o responsables de diversas iniciativas pastorales, culturales, artísticas, musicales y litúrgicas.

Muchas Inspectorías han invertido tiempo y medios para formar a los jóvenes. Las escuelas y cursillos de animadores juveniles, las formas de coordinación en el ámbito local, inspectorial y nacional, los comités y organizaciones juveniles, los equipos de pastoral juvenil, ciertas publicaciones como instrumentos de unión, los encuentros anuales y las fiestas de jóvenes son iniciativas que han surgido y crecen en muchas zonas del mundo salesiano.

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Significativa aportación de la mujer

Los nuevos frentes de la misión salesiana y el gradual descubrimiento del valor de la feminidad, la apertura de la comunidad a la zona y a la Iglesia local, así como la disminución del personal salesiano en nuestras obras, han abierto muchos espacios educativos y pastorales a la mujer en la misión salesiana. El nuevo clima posconciliar ha llevado, pues, gradualmente a una mayor implicación de la mujer en las obras y actividades salesianas.

La presencia de la mujer en nuestros ambientes educativos tradicionales, particularmente en las escuelas y colegios, por no hablar de las parroquias y oratorios, y en los más recientes lugares educativos y pastorales, incluso con cargos de gran responsabilidad, ha enriquecido la actuación práctica del Sistema Preventivo; ha creado un clima afectivamente más natural y sereno con los rasgos específicos de la feminidad en su sensibilidad, relación y modos de pensar y de hacer.

Sin embargo, camina con lentitud la asimilación de los valores de la complementariedad y reciprocidad femenina.

En esta comprensión, una ayuda significativa nos la dan las Hijas María Auxiliadora, ya que en no pocos contextos se viven desde hace tiempo algunas formas de compartir la pastoral, respetando lo específico de cada uno.

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Voluntariado

La realidad del voluntariado está muy extendida entre jóvenes y adultos, y es de gran actualidad en este momento histórico. En nuestra Congregación, en la Iglesia y en la sociedad se ve como un nuevo estilo de "apertura al otro". Es un modo concreto y privilegiado de encontrar seglares formados y motivados. Es un reto que el laicado - cristiano y no cristiano - lanza contra las injusticias y los egoísmos dominantes.

Las modalidades de realización del voluntariado son varias:

- en la propia nación o inspectoría, o en el extranjero;

- a corto o largo plazo (desde un período de un mes por lo menos, hasta varios años),

- en proyectos aprobados y financiados por instituciones públicas o en otros, patrocinados por organismos privados: comunidades, inspectorías, instituciones locales, organizaciones no gubernamentales, etc.

El voluntariado es muchas veces un fruto vocacional significativo y una confirmación del camino educativo seguido por los jóvenes con los SDB y de la propuesta de apertura al prójimo hecha por la pastoral juvenil.

Los jóvenes animadores se muestran sensibles y solidarios con el mundo de la pobreza y de la marginación juvenil: necesitados en general, chicos de la calle, menores de edad en situación de riesgo, drogadictos.

La disponibilidad para el servicio lleva a diversas formas de voluntariado y a otras opciones de vida exigentes. La creatividad y el ímpetu juvenil en este campo nos interpelan y estimulan a ir más allá de las experiencias consolidadas.

El voluntariado juvenil requiere a veces que el joven viva en la comunidad salesiana. Las experiencias en este campo son generalmente positivas. No pocos jóvenes han elegido la vida salesiana tras un período de contacto directo con la comunidad salesiana y con su misión.

En los últimos años, muchas de nuestras comunidades han vivido experiencias de actividad en zonas misioneras con jóvenes animadores. Al hacer su revisión, se ha visto que los primeros beneficiados son los jóvenes enviados.

En algunos contextos existe también, por objeción de conciencia, un servicio alternativo del militar: se trata de un compromiso juvenil bien definido en el tiempo, gratuito, especialmente en favor de los jóvenes, como servicio social o como servicio educativo.

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Gestión seglar y proyecto inspectorial

Las inspectorías cumplen su misión con actividades y obras animadas, ordinariamente, por una comunidad salesiana local.

Sin embargo, en los últimos años no pocas inspectorías, tras madura reflexión, han confiado algunas actividades u obras a la gestión seglar dentro del proyecto y responsabilidad inspectorial. También se han aceptado en el proyecto y responsabilidad inspectorial algunas actividades u obras educativas surgidas de modo autónomo y llevadas por seglares.

En algunas de ellas hay comunidad salesiana, en otras no.

En ciertos casos la relación entre SDB y seglares ha adoptado formas jurídicamente reconocidas:

­ la cogestión: indica un tipo de participación, regulada por contrato, donde los seglares y los religiosos se ponen en el mismo nivel de responsabilidad;

­ la tutela: es un caso particular de cogestión: la responsabilidad de la organización y gestión, así como la pedagógica y didáctica, la asumen por completo los seglares; los salesianos salen garantes, ante la Iglesia local, del carácter católico y salesiano de la escuela.

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Motivos de estas opciones

Los motivos que han llevado a ciertas inspectorías a estas opciones son muchos:

- la nueva eclesiología de comunión, que reconoce y valora la dignidad, vocación y misión del seglar cristiano;

- la disponibilidad de seglares preparados a tomar parte en la misión de san Juan Bosco con responsabilidad directa;

- la necesidad de llevar el carisma de san Juan Bosco a una zona determinada;

- la urgencia de los problemas juveniles en un determinado lugar;

- la petición de las Iglesias locales o de instituciones educativas o no educativas;

- la voluntad de no cerrar una actividad u obra, válida y bien considerada, por falta de personal salesiano que la pueda llevar adelante.

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Exigencias de formación y de organización

Estas situaciones han provocado nuevas necesidades de formación, para que los seglares puedan garantizar la identidad salesiana de una obra o actividad y ayudar a los salesianos a reconocer la implicación de los seglares en el espíritu y la misión de san Juan Bosco.

Como es obvio, tales situaciones requieren nuevos modelos de organización; los ordinarios, aunque siguen respondiendo a muchas circunstancias concretas, ya no cubren toda la actividad salesiana.

La misma comunidad salesiana debe buscar criterios adecuados para garantizar la identidad carismática de obras llevadas por seglares y preparar nuevas orientaciones de acción.

1.2. Resistencias y dificultades en la relación

Junto a las muchas señales de crecimiento positivo en la relación de los SDB con los seglares, los capítulos inspectoriales no ocultan la persistencia de dificultades y problemas.

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Dificultades de los salesianos y de las comunidades

Las comunidades no siempre tienen la debida flexibilidad para acoger los estímulos y novedades que llegan de los seglares.

En algunos casos puede prevalecer una actitud de defensa. Entonces los seglares tienen la sensación de que se frena su celo apostólico.

En otros, la comunidad, en su conjunto, no logra entablar relaciones significativas con los seglares.

La misma disponibilidad para acompañarlos y animarlos encuentra dificultades por la escasez numérica de los SDB, absorbidos con frecuencia por quehaceres de organización y administración y, sobre todo, porque todo esto podría poner en peligro el carácter significativo de la comunidad salesiana.

En las dificultades de relación de los SDB con los seglares también hablan algunos capítulos inspectoriales de las diferencias de horizonte cultural y de niveles de vida: una percepción diversa de los valores que viven la comunidad salesiana y los seglares en sus familias, las condiciones socioeconómicas, especialmente en las naciones en vías de desarrollo, y los niveles sociales considerablemente distintos.

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Dificultades que predominan entre los seglares

Algunas dificultades de relación sentidas por los seglares hay que atribuirlas a divergencias en el modo de interpretar el hecho educativo, al poco conocimiento de la vida consagrada y a carencias en su formación pedagógica y didáctica.

A veces el tema económico crea, entre los SDB y los seglares, dificultades de diálogo, atención y escucha mutua, comprometiendo así su participación en la misión.

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Dificultades de los jóvenes

La relación entre los SDB y los jóvenes no siempre es ni rica ni profunda.

Los jóvenes querrían que los salesianos se ocuparan menos de la organización y tuvieran más tiempo y tranqulidad para estar con ellos y dirigirlos.

Los salesianos, por su parte, se lamentan a veces de que los jóvenes viven su compromiso como una simple experiencia en una especie de paréntesis; lo cual no es buen precedente para opciones más decisivas.

No obstante, muchas dificultades dependen también de que lo que esperan los salesianos no coincide con lo que los jóvenes dan o pueden dar.

A veces prevalecen las limitaciones propias de la condición juvenil: la volubilidad, la inconstancia y la movilidad típicas de sus años.

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Lenta integración de la mujer

La integración de la mujer supone cambios en la cultura institucional y en la acción pastoral, incorpora nuevos aspectos y valores del mundo femenino y lleva a una nueva comprensión de la identidad masculina. Todo ello puede crear dificultades al salesiano y a la mujer, llamados a trabajar en el mismo proyecto. Hay que ser consciente de que es un problema que no sólo tiene que ver con las ideas, sino también con la afectividad, la capacidad de relación y los hábitos. De todo ello se derivan consecuencias evidentes para la formación del salesiano, así como para el estilo particular de la presencia femenina en nuestros ambientes.

Debemos reconocer que todavía no se ha hecho la debida reflexión sobre este asunto. La presencia femenina en nuestras obras es, a veces, más una consecuencia de situaciones culturales y sociales que de opciones bien pensadas y compartidas por todos.

También conviene subrayar que la presencia femenina en nuestras obras es, en ciertos casos, predominante, tanto entre los agentes de la educación y de la pastoral, como entre sus destinatarios. En algunos casos, su presencia preponderante podría terminar en una problemática "feminización" de la obra salesiana.

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Problemas del voluntariado

Tampoco la experiencia del voluntariado está exenta de problemas.

Los más graves se dan en las naciones en vías de desarrollo, aunque también los hay, con connotaciones distintas, en las experiencias que se hacen en la propia nación.

Hay que decir, ante todo, que el voluntario no siempre vive una relación estrecha con la comunidad de procedencia; tampoco parece suficiente la comunicación entre la comunidad que lo envía y la que lo acoge, tanto en la etapa de preparación como en la experiencia y en el regreso.

Particularmente importantes son los problemas que se le plantean al voluntario cuando regresa a casa:

a) problemas jurídico­económicos: puesto de trabajo y seguridad social, aspecto sanitario, etc. El voluntario encuentra a menudo dificultad para encontrar trabajo, sobre todo si se trata - como sería de desear - de algo que vaya de acuerdo con su experiencia y con las opciones fundamentales de su vida;

b) problema vocacional-apostólico: inserción en el proyecto educativo­pastoral local, inspectorial, eclesial. A veces la comunidad no es suficientemente sensible a la riqueza cultural que el voluntario lleva consigo y quiere ofrecer al ambiente adonde vuelve;

c) problemas psicológico-afectivos: acogida por parte de la comunidad, como expresión de aprecio de la experiencia que ha vivido y preocupación por su inserción en el ámbito familiar, apostólico, laboral y en los grupos de voluntariado, posiblemente en conexión con la Familia Salesiana. También hay que prestar una atención especial a los vínculos afectivos y de amistad que el voluntario puede haber trabado en el lugar de su misión; también en esto necesita ser acompañado y ayudado por la comunidad.

1.3. La relación de SDB y seglares en algunas situaciones particulares

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Contextos plurirreligiosos y pluriculturales

En diferentes partes y contextos del mundo salesiano hay un hecho que llama la atención: la presencia considerable de seglares de diversas culturas y credos en nuestra misión. Sobre todo en Asia y África, su presencia resulta a veces mayoritaria; pero es posible que su número aumente también en naciones tradicionalmente cristianas.

Lo que con frecuencia impresiona, en muchos de ellos, es la calidad de su aportación, su fuerte sentido de pertenencia y su estima y veneración por la figura de san Juan Bosco y la misión salesiana.

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Variedad de situaciones

Debemos reconocer que el panorama de esta presencia seglar pluricultural y plurirreligiosa es de lo más variado, no sólo por su origen cultural, étnico y lingüístico, sino también por su opción y carácter religioso: hay quien no cree, quien profesa alguna de las grandes religiones monoteístas y quien se adhiere a nuevos movimientos de inspiración oriental o posmoderna.

Entre los mismos cristianos, hay quien forma parte de otras confesiones y quien, considerándose cristiano, da su nombre a diversas sectas; algunos, por desgracia, se muestran indiferentes o incluso hostiles; por último, otros son personas de buena voluntad y respetan nuestra fe.

El pluralismo cultural y religioso contiene riquezas insospechadas y puede facilitar un intercambio de dones que beneficiaría a todos; pero también puede dar origen a un sincretismo fácil y ser causa de tensión, hostilidad e incluso violencia, como, por desgracia, sucede en la sociedad actual.

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Hacia la unidad y la pertenencia

A pesar de todo, en el corazón humano hay un deseo de buscar la unidad en la diversidad, de llegar a convergencias, de caminar juntos. Entre nuestros colaboradores hay quien siente con fuerza tales aspiraciones y pide unirse más estrechamente a nosotros para compartir la misión juvenil.

En algunos late el deseo de sentirse de nuestra Familia, pero les resulta difícil por la tensión que producen los diferentes modos de pensar, de vivir la propia vida y de darle un significado último.

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Retos y respuestas

Tales situaciones y problemas plantean algunos interrogantes:

- ¿Qué relación entablar entre los SDB y esos seglares?

- ¿Cómo hacer de la comunidad educativo-pastoral, del proyecto educativo-pastoral salesiano y de otras iniciativas un lugar de encuentro, crecimiento y enriquecimiento mutuo e instrumento de mayor eficacia para la misión juvenil?

- ¿Cómo asegurar la identidad salesiana de nuestras obras y actividades?

- ¿Cómo darles cabida en el Movimiento Salesiano?

Son interrogantes que constituyen un verdadero reto para las comunidades salesianas.


1 Const. 5