18. MENSAJE DEL XXIV CAPÍTULO GENERAL A LAS
VOLUNTARIAS DE DON BOSCO
[287]
Los miembros de este XXIV Capítulo General, llegados a Roma de
todas las partes del mundo, nos dirigimos a vosotras, muy queridas Voluntarias,
que «habéis nacido y crecido en la Familia Salesiana de san
Juan Bosco». Para vosotras, nuestro saludo fraterno y el agradecimiento
sincero por acompañarnos en este acontecimiento. Nos enviasteis
una aportación que ha enriquecido nuestra reflexión; agrademos
vuestra asistencia a la inauguración del Capítulo y durante
la semana de trabajo con los demás representantes seglares.
En nuestra reflexión capitular, orientada a comprender mejor
las relaciones mutuas que nos unen en el espíritu común y
en la misión salesiana, hemos recordado los elementos que sirven
para profundizar y robustecer la colaboración y la participación
para llegar a un «vasto movimiento de personas» unidas en el
deseo de evangelizar educando según el espíritu de san Juan
Bosco.
Vuestra vocación específica en la Iglesia y en la Familia
Salesiana nos ayuda a entender mejor cómo ser signo de Cristo en
lo secular y la aportación de la mujer en la Iglesia y en el mundo.
En los debates del Capítulo se ha confirmado la convicción
que ya teníamos de que «el primer paso de la misión
es vivir la consagración» (cf. Vita consecrata 72).
En este caso la vida misma «resulta educadora, porque habla por sí
sola, da testimonio y plantea interrogantes». Es una afirmación
que también se refiere a vuestra consagración, que vivís
en síntesis armónica con la secularidad. Apreciamos ese vuestro
modo sencillo y exigente de dar testimonio de la radicalidad del amor,
tan importante para el hombre de hoy, que cada vez tiene mayor necesidad
de signos visibles para creer.
Escribíais en la aportación que nos mandasteis: «Por
nuestra inmersión en lo secular, podemos comunicaros una sensibilidad
experiencial de las situaciones en que viven los destinatarios de la misión».
Indicándonos los problemas de la sociedad que os afectan personalmente,
podéis ayudarnos a adecuar nuestro trabajo educativo-pastoral. Es
un verdadero regalo cuando reflexionamos sobre la "dimensión
secular" de la Iglesia, de nuestra Congregación y de los carismas
que han nacido en ella para el mundo.
Como salesianas, afirmáis que compartís plenamente el
carisma de san Juan Bosco, participando en él de modo original con
la sensibilidad que os da el ser mujeres. Con frecuencia vais directamente
a nuestros destinatarios preferidos y apoyáis la misión con
vuestra competencia profesional. Así estáis en la Familia
Salesiana con las actitudes de creatividad y de generosidad sacrificada,
aunque sea silenciosa y a veces incluso oculta.
Muy queridas Voluntarias, hace seis años, durante el XXIII Capítulo
General, vivimos juntos la alegría de la beatificación de
vuestro fundador y tercer sucesor de san Juan Bosco, don Felipe Rinaldi.
Todavía hoy renovamos nuestra gratitud a Dios por un santo que es
nuestro maestro en la colaboración con los seglares. Como él
deseamos encontrar en cada una de vosotras «una colaboradora y animadora
de la labor salesiana para transformar el mundo» (E. Viganò).
En diferentes circunstancias habéis pedido nuestro apoyo en la
formación y en la animación espiritual. Tened la seguridad
de que os acompañaremos con ese servicio fraterno. También
deseamos aprender de vosotras, salesianas consagradas en la secularidad,
la fidelidad al carisma salesiano, para que sea real aquel «vivir
por las almas» del beato Felipe Rinaldi, al que confiamos los prometedores
comienzos de la rama masculina, por la que rezamos y esperamos con vosotras.
Que María Auxiliadora nos guíe en el compromiso que compartimos
de consagración y de misión.
Roma, 20 de abril de 1996.
Los miembros del XXIV Capítulo General
|