18. MENSAJE DEL XXIV CAPÍTULO GENERAL A LAS VOLUNTARIAS DE DON BOSCO

ANEXO NÚM. 18

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Los miembros de este XXIV Capítulo General, llegados a Roma de todas las partes del mundo, nos dirigimos a vosotras, muy queridas Voluntarias, que «habéis nacido y crecido en la Familia Salesiana de san Juan Bosco». Para vosotras, nuestro saludo fraterno y el agradecimiento sincero por acompañarnos en este acontecimiento. Nos enviasteis una aportación que ha enriquecido nuestra reflexión; agrademos vuestra asistencia a la inauguración del Capítulo y durante la semana de trabajo con los demás representantes seglares.

En nuestra reflexión capitular, orientada a comprender mejor las relaciones mutuas que nos unen en el espíritu común y en la misión salesiana, hemos recordado los elementos que sirven para profundizar y robustecer la colaboración y la participación para llegar a un «vasto movimiento de personas» unidas en el deseo de evangelizar educando según el espíritu de san Juan Bosco.

Vuestra vocación específica en la Iglesia y en la Familia Salesiana nos ayuda a entender mejor cómo ser signo de Cristo en lo secular y la aportación de la mujer en la Iglesia y en el mundo.

En los debates del Capítulo se ha confirmado la convicción que ya teníamos de que «el primer paso de la misión es vivir la consagración» (cf. Vita consecrata 72). En este caso la vida misma «resulta educadora, porque habla por sí sola, da testimonio y plantea interrogantes». Es una afirmación que también se refiere a vuestra consagración, que vivís en síntesis armónica con la secularidad. Apreciamos ese vuestro modo sencillo y exigente de dar testimonio de la radicalidad del amor, tan importante para el hombre de hoy, que cada vez tiene mayor necesidad de signos visibles para creer.

Escribíais en la aportación que nos mandasteis: «Por nuestra inmersión en lo secular, podemos comunicaros una sensibilidad experiencial de las situaciones en que viven los destinatarios de la misión». Indicándonos los problemas de la sociedad que os afectan personalmente, podéis ayudarnos a adecuar nuestro trabajo educativo-pastoral. Es un verdadero regalo cuando reflexionamos sobre la "dimensión secular" de la Iglesia, de nuestra Congregación y de los carismas que han nacido en ella para el mundo.

Como salesianas, afirmáis que compartís plenamente el carisma de san Juan Bosco, participando en él de modo original con la sensibilidad que os da el ser mujeres. Con frecuencia vais directamente a nuestros destinatarios preferidos y apoyáis la misión con vuestra competencia profesional. Así estáis en la Familia Salesiana con las actitudes de creatividad y de generosidad sacrificada, aunque sea silenciosa y a veces incluso oculta.

Muy queridas Voluntarias, hace seis años, durante el XXIII Capítulo General, vivimos juntos la alegría de la beatificación de vuestro fundador y tercer sucesor de san Juan Bosco, don Felipe Rinaldi. Todavía hoy renovamos nuestra gratitud a Dios por un santo que es nuestro maestro en la colaboración con los seglares. Como él deseamos encontrar en cada una de vosotras «una colaboradora y animadora de la labor salesiana para transformar el mundo» (E. Viganò).

En diferentes circunstancias habéis pedido nuestro apoyo en la formación y en la animación espiritual. Tened la seguridad de que os acompañaremos con ese servicio fraterno. También deseamos aprender de vosotras, salesianas consagradas en la secularidad, la fidelidad al carisma salesiano, para que sea real aquel «vivir por las almas» del beato Felipe Rinaldi, al que confiamos los prometedores comienzos de la rama masculina, por la que rezamos y esperamos con vosotras.

    Que María Auxiliadora nos guíe en el compromiso que compartimos de consagración y de misión.

    Roma, 20 de abril de 1996.

Los miembros del XXIV Capítulo General