MENSAJES DESDE EL XXIV CAPÍTULO GENERAL
14. MENSAJE DEL XXIV CAPÍTULO GENERAL A LOS
SEGLARES
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Al final de la semana que nos ha visto caminar al lado de una representación
significativa de seglares de todo el mundo salesiano, los miembros del
XXIV Capítulo General consideramos un regalo y una inspiración
de la Providencia haber elegido, como tema del Capítulo, la relación
mutua de salesianos y seglares y haber llamado, por primera vez en la historia
de los capítulos generales, a un grupo de seglares, hombres y mujeres,
para que tomaran parte en él y aportaran la riqueza de sus voces
y sensibilidades en un tema que los interesaba directamente.
Agradecemos sinceramente las palabras que nos han dicho:
- por la simpatía y amistad de quienes las han pronunciado;
- por la sinceridad y franqueza que las han distinguido;
- por la validez de sus aportaciones.
Han interpretado con convicción espontánea la nueva sensibilidad
de Iglesia. Han pedido una respuesta más plena por parte de la Congregación.
En este sentido, por su medio deseamos asegurar a los cientos y miles
de seglares, hombres y mujeres, que de algún modo han trabado amistad
con san Juan Bosco y se han hecho sus colaboradores, que los salesianos:
- los aprecian y agraden de corazón la generosidad y calidad de
su presencia;
- se proponen emplear más a fondo modalidades concretas de un
compartir más pleno y fecundo en todos los campos de la misión
salesiana;
- quieren, en particular, verlos como protagonistas a su lado en la comunidad
educativo-pastoral, abriendo espacios a la insubstituible complementariedad
de sus aportaciones;
- también desean afinar el clima del encuentro y la colaboración,
aproximándolo cada vez más al calor de la familia y al ideal
de la comunión.
Al mismo tiempo, les pedimos fraternalmente:
- paciencia en camino tan exigente para ellos y para nosotros;
- voluntad de afinar la capacidad de entendimiento y participación,
aceptando modalidades y tiempos para una nueva formación;
- deseo de penetrar en el gran corazón de san Juan Bosco, para
contagiarse aún más de él y tener nueva generosidad
y pasión por los jóvenes que más lo necesitan.
Mientras, reconocemos la significativa realidad de la colaboración
seglar que ya actúa en la historia salesiana por:
- los seglares de la Familia Salesiana (especialmente los Cooperadores),
portadores de los mismos valores, animados por la misma espiritualidad
e intérpretes de la misma misión, aunque con formas y características
distintas, según la originalidad de cada grupo;
- los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano, que, con un protagonismo
original, vivificado por la espiritualidad salesiana, se hacen misioneros
de otros jóvenes mediante una opción educativa salesiana
que los caracteriza;
- los Amigos de Don Bosco, que, con gran variedad de fisonomías,
han sentido su hechizo y, aunque distintos por origen, cultura, clase social
y credo religioso, coinciden en la disponibilidad para gastar energías,
tiempo y recursos en favor de los jóvenes;
- la mujer, llamada a «expresar el auténtico genio femenino
en todas sus manifestaciones» (Evangelium vitae 99) y sobre
todo en las típicamente educativas de la misión salesiana,
reconociéndoles nueva importancia y nuevo «espacio de pensamiento
y de acción singular» (ibídem);
- los seglares todos del «vasto movimiento de personas que, de
diferentes formas, trabajan por la salvación de los jóvenes»
(Const. 5).
Seglares y salesianos caminamos hacia el tercer milenio, que ya llama
a la puerta, lleno de contradicciones pero también de promesas,
con nuestro específico compromiso de «ser en la Iglesia signos
y portadores del amor de Dios a los jóvenes, especialmente a los
más pobres» (Const. 2). Es algo que han hecho admirablemente
miles de salesianos y seglares desde los años de san Juan Bosco
hasta nuestros días. Pero «vosotros no sólo tenéis
una historia gloriosa que recordar y narrar, sino también una gran
historia que construir. Mirad hacia el futuro, hacia el que os lanza el
Espíritu para hacer con vosotros cosas grandes», nos dice
con palabra segura el Papa a los salesianos, y, análogamente, también
a los seglares que compartís nuestra misión (cf. Vita
consecrata 110). Tenemos, pues, ante nosotros un reto. Requiere inteligencia
de programas, perseverancia en los itinerarios y valentía para nuevos
caminos.
A vosotros, seglares, gracias también a las intuiciones y estímulos
de este XXIV Capítulo General, san Juan Bosco os llama con fuerza
a ser, con respuestas diferenciadas y graduales, parte viva de su misión
juvenil y popular en la Iglesia. San Juan Bosco, pues, os da las gracias,
os quiere aún más numerosos y os promete de nuevo, con simpática
y sabia sencillez, «pan, trabajo y paraíso» (MB XVIII,
420).
María Auxiliadora, solícita en socorrer a quien vive en
necesidad, se hace una vez más nuestra maestra y guía.
Un saludo fraterno.
Roma, 20 de abril de 1996.
Los miembros del XXIV Capítulo General
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