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SALESIANOS Y SEGLARES:
COMPARTIR EN COMUNIÓN
EL ESPÍRITU Y LA MISIÓN DE SAN JUAN BOSCO
EL ACONTECIMIENTO DE GRACIA DEL 12 DE ABRIL DE 1846
- Hay un terreno:
es propiedad del señor José Pinardi.
Venga y hará un buen contrato...
- Al domingo siguiente, solemnidad de Pascua,
llevamos allí
todos los enseres de iglesia y de recreo,
y tomamos posesión del nuevo lugar.1
[1]
Un aniversario providencial
El 150º aniversario de la llegada de san Juan Bosco a
Valdocco, celebrado durante el Capítulo General, nos ha hecho
meditar con mayor atención la historia de nuestros orígenes.
Esta página autobiográfica de san Juan Bosco nos emociona.
Pone al descubierto su corazón, tan parecido al del Buen Pastor:
su pasión por la educación, su audacia para el apostolado, su
aguante en las pruebas, su incertidumbre por el futuro, su
confianza filial en la Providencia y su alegría por la ayuda
inesperada.
Nos llenan de admiración las maravillas del Espíritu, pero
al mismo tiempo son también un desafío.
Parece como si el santo Fundador nos invitara a entrar en el
mundo que nació y creció a su alrededor: el mundo de la
comunión en el espíritu y en la misión.
Él está allí. Le rodea una multitud de chicos en un prado
que debe abandonar sin saber adónde ir ni qué hacer.
Llega entonces un tal Pancracio Soave, que le hace una
propuesta en nombre de José Pinardi: hay un terreno donde reunir
a los chicos. Se trata de un pobre cobertizo, que podría hacer
de capilla y, alrededor, una faja de terreno para los juegos.
Al domingo siguiente llegan dos señoras que se le ofrecen
para ayudarle (Cf. MB II, 429).
Más tarde irán Margarita, su madre, y otros.
Es la historia de un amor contagioso e irradiante que atrae a
su círculo de luz y de fuerza a muchas personas, a una Familia,
a un Movimiento...
Los salesianos, herederos de aquellos primeros jóvenes que se
quedaron con Don Bosco para siempre, nos encontramos en
compañía de muchos seglares, hombres y mujeres de nuestro
tiempo, que sienten el mismo reclamo y nos piden poder actuar con
el corazón y el estilo del Padre y Maestro de los jóvenes.
Entrar en aquel círculo de luz y de fuerza es lo que
nos proponemos hacer con nuestra reflexión capitular:
partiendo del estado actual de la relación entre SDB y
seglares (primera parte);
presentando el rico dinamismo que brota del carisma de san
Juan Bosco (segunda parte);
proyectándonos hacia el futuro para compartir tareas
concretas en el espíritu y en la misión (tercera parte).
[2]
Celebramos la memoria de aquel acontecimiento de hace 150
años con la alabanza y acción de gracias:
Padre, a ti nuestra acción de gracias:
por san Juan Bosco y el sueño que le inspiraste,
las pruebas que le dieron temple
y los signos que le guiaron;
por quienes han compartido su indómita pasión:
hombres y mujeres, religiosos y seglares
de todo tiempo y lugar;
por el humilde principio de Valdocco
y por todos los ambientes educativos,
llamados a ser revelación y regalo de tu amor;
por la inmensa muchedumbre de jóvenes
que invaden nuestra vida e inquietan nuestro corazón
para que sea el del Buen Pastor.
Padre, a ti nuestra acción de gracias:
con María,
nuestra potente Auxiliadora.
en el Espíritu Santo
por Jesucristo resucitado.
Amén.
1
Giovanni Bosco, Memorie dell'Oratorio di San Francesco di
Sales dal 1815 al 1855, editadas por el ISS, Fonti, Serie I,
5 (Roma, LAS 1992, págs. 135-137 pássim)
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