CONCLUSIÓN: LA PÉRGOLA DE ROSAS

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Al año de llegar a Valdocco, san Juan Bosco tuvo un sueño, que sólo contará en 1864 a un pequeño grupo de salesianos, reunidos después las buenas noches:

- «Ya os he contado en forma de sueños bastantes cosas por las que podemos concluir lo mucho que nos quiere y ayuda María Santísima. Pero ahora que estamos solos y para que cada uno de nosotros tenga la plena seguridad de que es la misma Virgen María quien quiere nuestra Congregación y se anime cada vez más a trabajar por la mayor gloria de Dios, no os voy a contar un sueño, sino lo que la misma Santísima Virgen se dignó hacerme ver ... Os lo digo como una confidencia».

Es la célebre visión de la "pérgola de rosas".

San Juan Bosco recibe la orden de descalzarse; lo hace con gusto, pero enseguida comprueba lo dolorosas que son las espinas que hay en las rosas.

Indican las dificultades internas (necesidad de mortificación) y externas (necesidad de valentía apostólica).

Pero no está solo:

- «Muchos sacerdotes, seminaristas y seglares, invitados por mí, se pusieron a seguirme contentos por la belleza de las flores; pero al darse cuenta de que debían caminar sobre punzantes espinas y que éstas asomaban por todas partes, comenzaron a gritar: "Se nos ha engañado". Les respondí: "El que quiera caminar deliciosamente sobre rosas, vuélvase atrás; los demás, que me sigan". No pocos se volvieron atrás ... Pero pronto hallé consuelo. Vi llegar hacia mí una multitud de sacerdotes, seminaristas y seglares que me dijeron: "Henos aquí, somos tuyos; estamos dispuestos a seguirte". Y, poniéndome al frente de ellos, reanudé el camino ... A bastantes los conocía ya de cara; pero otros muchos aún me eran desconocidos».

El camino los conducirá a un ameno jardín, en el que una suave brisa cicatriza las heridas, y concluye en una espléndida casa donde se aparece la Santísima Virgen, que explica el significado de la visión y alienta a los suyos para la misión.

- «Apenas terminó de hablar la Madre de Dios, volví en mí; estaba en mi habitación».1

Es un mensaje que se dirige, ante todo, a los salesianos; en él percibimos el eco claro de una palabra de Dios.

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Como respuesta, sentimos la necesidad imperiosa de renovar nuestra fe, esperando que sea "símbolo", es decir, vínculo de comunión con nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo.

  •  
    • Creemos

      que, guiados por María,

      llegaremos juntos

      a la sabiduría que es promesa de vida.

      Creemos

      que lo que une a SDB y seglares

      es nuestra común entrega a san Juan Bosco:

      "Somos tuyos".

      Creemos

      que podemos ponernos en camino

      para llamar a otros hermanos

      que nos acompañen.

      Creemos

      que empiezan tiempos nuevos

      para la Iglesia y para el mundo;

      la esperanza que late en nuestro corazón es:

      "Ser, juntos, constructores del Reino".


1 MB III, 32­37 pássim